¿Se ha dado cuenta estimado lector que tras el nombre de muchos dilectos profesionales solamente se alcanzan a divisar un cúmulo de siglas? MsC, MBA, PhD, etc. Y que muchos de aquellos brillantes intelectuales corrigen a sus interlocutores cuando se los trata por su nombre y les dicen “Doctor, por favor” “Licenciado tal”, “Máster no se qué” o “PhD demorándose un poquito más”, todo porque como sociedad estamos siendo víctima de la titulitis, una grave enfermedad que nubla la vista y evalúa los cartones por encima de los valores y la vocación.

            Y es que no ataco que la gente se prepare, por el contrario, lo aplaudo de pie, creo que el ejercicio de una profesión u oficio requiere de personas cada vez más capacitadas, con conocimientos universales, horas y horas de lecturas y análisis, defensas de tesis y claro culminaciones exitosas de cursos, especializaciones, diplomados, masterados y doctorados, eso le hace bien a la sociedad; lo que me pone a pensar es si aquellas denominaciones académicas están o no por encima del nombre de la persona, de las enseñanzas de su hogar y claro de sus propios intereses.

            En lo personal (le ruego me dispense por hablar en primera persona), soy Abogado, con Especialización Mayor en Derecho Internacional y Comercial y Especialización Menor en Derecho Empresarial, Árbitro en Derecho, Máster en Análisis Político y si Dios y mi Virgencita lo permiten en dos años seré Doctor en Ciencias Jurídicas, pero nada más bonito que cuando se refieran a mi me digan “César Luis”, “Doc”, “Abo”, “Maestro” o como me dice la Consuelito Molina “Doctorcito”, porque el cariño que recibo está por encima de cualquier título y lo que mis papis me enseñaron en casa ninguna universidad me lo puede dar: Respetar a los demás aunque discrepe con ellos y defender mi opinión con argumentos y no con gritos ni amenazas.

            Le confieso algo, mi Maestría obedeció a dos razones: Quería profundizar los conocimientos en el área que más me atrae de las Ciencias Sociales (la política) y requería de ese “título” para poder dar cátedra universitaria, lo que es mi gran pasión y mi sueño desde que le acompañaba a mi abuelo a dictar sus clases de matemáticas en el Barba Naranjo a inicios de los 90, vocación para ser “profe” tenía, creo que conocimientos también, me faltaban los títulos que lo avalen y claro, un poquito de paciencia que ha sido carente en mi vida casi siempre (olvídese del casi).

            Pero por otro lado, quiero seguir el consejo de mamá y estudiar Comunicación Social (siempre me quiso de periodista) y además me encantaría seguir Economía (me fascinas los números y la tuve como segunda opción) y ojalá entonces me digan “Licen”, “Eco” o simplemente “Tincho” que es como los más cercanos me conocen, como decía una “Doc” del colegio “lo importante es llegar a ser PhD, sin ser HDP”, cierto es.

            Escribo estas líneas para alentar a todos a prepararse, a cumplir metas, lograr cada vez más y más títulos y objetivos académicos, pero sin olvidarse de ser personas, “de ser gente” como dicen los mayores, de multiplicar la bondad en el mundo, los valores en la sociedad y ser inspiración para los niños que nos ven, de nada sirve una pared llena de títulos si el “Doctor” no saluda, bota la basura en la calle, o apenas regresa a ver a sus semejantes, de nada sirve, de nada sirve.