Tour Máchica con sentido latacungueño. FOTO M.S. LA GACETA

El molino de 600 mm de don César Corrales fue el tercero en instalarse en Brazales y está en funcionamiento desde 1967, su infraestructura guarda tradición, amor y pasión por el trabajo al producir máchica; el proceso actual luego el cultivo, consiste en el secado, cernida y molida, a la sazón dos jóvenes con concepto de rescatar la tradición e innovarla con ideas, emprende el Tour de la máchica.

La cebada crece en climas fríos y Cotopaxi tiene esa característica, antiguamente para la siembra de este producto se utilizaba la yunta del ganado y cuando la espiga estaba gruesa y madura se cosechaba para trillar con burros. Ya obtenido el grano se dirigían al tiesto a tostar que es el primer paso a seguir, luego ajechar (cernir) y moler en el molino para obtener la máchica, recuerda María Lucinda Corrales de 70 años.

Los pioneros de la producción de la máchica son del barrio Brazales de la parroquia Eloy Alfaro en Latacunga, donde según la historia habían 24 tiestos, y se los conocía como los “Mashca pupos”, actualmente son cinco familias las que han mantenido esta tradición.

La labor era dura, muchos amanecían trabajando porque antes mezclaban la cebada con el morocho de la costa, esto con la intención de obtener más ganancias, hoy el proceso es más puro, pero la gente ya no la consume y eso ha hecho que disminuya la cantidad produciendo 30 quintales a la semana que es enviada a Guayaquil.

Antiguamente el potencial mercado era el de San Roque ubicado en Quito, ahí asistían con 200 quintales de máchica, arroz, habas, lenteja, plátano y morocho, pero hoy la realidad es muy distinta, manifiesta Corrales.

Ella creció en medio de la elaboración de la máchica y hasta cuando tenía 20 años ayudaba a sus padres, pero después de haberse casado se dedicó a su negocio, y eso ha hecho que no olvide sus costumbres al comer las “coladitas” e inculcar asimismo a sus hijos y nietos.

Adrián Cruz, motivado por el trabajo que hizo su abuelita durante toda su vida y para mantener la tradición, decidió emprender y generar “Harika”, tradición de la tierra Mashca para generar turismo para las personas que les gusta estar inmiscuida con las raíces de sus tierras y también para quienes gusten conocerla, además hacer productos derivados como las galletas, el pastel de banano con máchica que tiene un sabor único y es agradable al consumirlo.

El objetivo es transmitir el sentimiento de ser Mashca con la tradición, en el contexto de tener una identidad que está girando a raíz de encender el tiesto, al oler el aroma que emite la cebada cuando es tostada, incluso contar las historias que gira entorno a la actividad.

Desde este sábado 28 de abril 2018, nuevamente comenzará la Ruta de la Máchica, el punto de encuentro es la estación del Tren a las 10:00. Esto se lo hará todos los fines de semana, el costo es de 12 dólares, incluye el transporte, visita guiada y degustación, las inscripciones lo pueden hacer en el pasaje Santa Teresita en Cunani.

Detrás de este proyecto también está Freddy Molina, comentó que el fin es que no se pierda el sentimiento familiar y se trata de fomentar la identidad al mismo tiempo que la gente se identifique con el término “para eso deben acercarse y ver el proceso y una vez que conozcan podrán identificarse como latacungueños”.

Este producto puede ser utilizado con leche en colada endulzada con panela, también se lo prepara como sopa añadiéndole col, verde y tripa de res. Teniendo como resultado un plato nutritivo para su degustación, lo dijo la señora de 70 años. (I)

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