Esta semana estoy formalmente de vacaciones en Latacunga y aproveché estos días para igualarme en algunos pendientes procesales que tenía en los juzgados de la Llacta, eso me permitió compartir con varios colegas los días previos a la Vacancia Judicial y así cruzar opiniones y experiencias de lo que normalmente nos ocurre en el “libre ejercicio de la profesión”.

            Alguno de ellos me contaba con desdén que en uno de los Registros de la Propiedad de Cotopaxi (no diré en qué cantón), se emiten 10 certificados al día ya que la dependencia no tiene más personal y que en caso de que se requiera un certificado de búsqueda (el que determina cuántos bienes tiene una persona en una ciudad) y exista más de uno, se debe pagar por cada bien existente como si fuera uno de gravámenes (el certificado que indica si los bienes tienen prohibiciones o hipotecas), lo cual además de absurdo es evidentemente abusivo.

            Me contaba también el dilecto colega que en una dependencia pública para ingresar la sentencia judicial en el sistema, le solicitan copias certificadas de TODO el proceso, como si el funcionario administrativo pudiera tomar una decisión contraria al texto de la resolución del Juez, algo imposible y lógicamente inadmisible.

            Estos casos me ratifican un sentir que tengo desde hace 10 años que me incorporé como Abogado, que si los profesionales tienen “titulitis”, los Alcaldes “semaforitis”, los funcionarios públicos tienen “papelitis”, obsesión definida como la costumbre de solicitar en exceso requisitos impresos para proceder con un trámite u orden judicial, papeles que en muchos casos no son necesarios, no aportan en la comprensión de la decisión o peor aún -en algunos casos- pueden estar en su propio poder o ser de fácil acceso en sus mismas entidades.

            Pondré otro ejemplo, varios Registros de la Propiedad a lo largo del país han implementado el servicio de despacho virtual, en el que a través de la creación de un usuario puedes acceder a los diferentes trámites que esas dependencias prestan, Quito, Guayaquil, Manta, Portoviejo y Quinindé, son los que más he utilizado y por ende conozco, pero en nuestra capital provincial aún no estamos ni de lejos “listos para esta conversación”, se ha anunciado el proceso de modernización de la dependencia y sus archivos desde hace más de 5 años y aún ni las luces.

            Y no piensen que no valoro el buen trato y cordialidad de los funcionarios de la entidad registral, todo lo contrario, siempre he visto en ella una sonrisa en cada trámite, la explicación adecuada ante las negativas u observaciones y la ayuda correcta en cada una de las preguntas efectuadas, se merecen sin duda cada uno de los puestos, lo que es injusto es que en lugar de agilitar los procesos con más funcionarios encargados de ellos, muchos deban estar en ventanilla haciendo lo que se podría solicitar por computadora, hacia eso debe propender el servicio público.

            No hago referencia a la “información pública”, porque si “usted no es dueño del predio o abogado no le puedo dar los datos”, en evidente violación de toda la normativa que regula el acceso libre a esta información sin la necesidad de ser ni el abogado ni el dueño, porque si lo hago, quedan mal muchos de los Registradores que emiten estas ridículas (e ilegales) disposiciones a sus subalternos.

            Pedir “el papelito” tiene que ser un recuerdo del pasado, aprovechemos la tecnología para mejorar el acceso a los servicios públicos, para dignificar las condiciones de trabajo de los funcionarios que están expuestos a los insultos de los ciudadanos porque “no sale el trámite” y sobre todo para agilitar cada proceso, es ecológicamente sustentable y administrativamente correcto.