Para un transeúnte, tratar de cruzar una calle de la ciudad se ha convertido en un verdadero acto de heroísmo. No hay respeto a la ley, no hay respeto a la vida humana, los conductores son dueños de la vida y hacen lo que les da gana, pitando sin control a quien intenta cruzar la calle y no se diga en horas pico.
Nos preguntamos, qué está pasando en Latacunga, qué pasó con los latacungueños, gente tan amable, considerada y respetuosa. Poco queda de nuestra identidad y principios. Por eso es que decimos con toda firmeza que caminar por las calles de la urbe se ha convertido en una trampa mortal.
Para qué sirven las leyes de tránsito si no hay sentido común, si no hay criterio, si no se comprende que el peatón tiene prioridad y que se le debe ceder el paso con respeto y paciencia, no con bocina en mano, destrozado los nervios de todo el que pasa y que no comprende el por qué de tanta agresión.
Las calles de Latacunga se han convertido en una jungla, en ellas prima el más poderoso, el más rápido, el vivísimo y el sucio porque sin pudor ni vergüenza se lanza la basura por las ventanas de los autos, sin el más mínimo respeto por la ciudad y sus habitantes.
Por otro lado las aceras de la urbe son un desastre, llenas de huecos y olor a orines, las plazas coloniales destartaladas y sucias.
Esta es Latacunga del siglo XXI, algo pasó con su gente y retrocedió 70 años en su desarrollo y no hablamos de su desarrollo y crecimiento poblacional, nos referimos a su cultura, tradiciones y esencia.
Quien venga a administrarla tiene que comprender que el primer paso que se debe dar para potenciar a Latacunga del futuro, es recuperar su pasado, creando leyes que se orienten a salvaguardar su patrimonio cultural y a recuperar los valores cívicos de su gente. (O)