Las transiciones suelen ser momentos delicados. El que sale debe mostrar que deja la administración en óptimas condiciones, y el que entra debe asegurarse de recibir toda la información y que ésta sea fidedigna.
El todavía alcalde Sanchez deja una administración que ha sido criticada por más de uno. Entre obras con procesos contractuales contradichos, reclamos de poca socialización de la gestión y reformas presupuestarias apuradas, los salientes tienen mucho que explicar. Byron Cárdenas -como alcalde electo- tiene que asegurarse de hacer todas las preguntas adecuadas para arrancar su gestión al menos, con el mapa bien pintado. Iniciar completamente a ciegas es riesgoso, pero fiarse de información falsa podría ser mortal.
A esto hay que sumar que la capacidad de fiscalización del Concejo entrante puede verse limitada, pues Cárdenas no tendrá mayoría a menos que llegue a acuerdos dentro del primer trimestre de su gestión. De otro lado, acólitos de Sánchez fungirán como concejales en el período que entra y seguramente harán sus conveniencias. Este escenario limitará la capacidad de concilio en el cuerpo edilicio y, por supuesto, podría traernos más de una novela.
Estoy diciendo que un Concejo cantonal dividido, una administración anterior que tiene que ser fiscalizada y números poco claros son el caldo de cultivo de la ingobernabilidad. Además, los pactos que deben hacerse para obtener mayorías legislativas pueden también ser un escenario propicio al tráfico de influencias y la corrupción. Un escándalo de este tipo en el inicio de la administración de Cárdenas podría perjudicarle enormemente y marcar el resto de su alcaldía.
Paralelamente, Byron no llega a su cargo con un masivo apoyo popular. Poniéndolo en blanco y negro: solo uno de cada cuatro latacungueños lo eligieron, y los otros tres simplemente no votaron por él. Es verdad, este fenómeno se dio en todo el país, pero el flamante Alcalde tiene claro que debe enamorar al pueblo que no pudo conquistar en la campaña, y que toda esa gente tiene los ojos puestos en él y estarán pendientes del más mínimo equívoco. Además, las alianzas hechas en campaña deberán respetarse a la par que se busca mayorías en el Concejo. Al mismo tiempo, este Concejo sin mayorías debe fiscalizar al período anterior, recomponer nuestra pésima colección de ordenanzas, revisar las finanzas, responder por procesos judiciales y tratar de caer bien, porque además ya se sabe que al menos un par de ellos quieren también ser Alcalde algún día.
Léase bien, no estoy diciendo que el ambiente sea catastrófico. Es peligroso, sí. Pero creo que es la oportunidad de Byron Cárdenas de demostrar que su habilidad en los negocios y el comercio puede ser trasladada a la política. No es fácil, porque él debe desenmarañar este nudo sin decepcionar a sus electores y ganándose la buena cara de quienes no lo eligieron. Lograrlo limpiamente será un arte y nos permitirá descubrir en él al líder que nos hacía falta. Errar, eso sí sería catastrófico para Cárdenas y para la ciudad.
Debemos estar claros en algo: en tanto demuestre que sus acciones son a favor de la ciudad, hay que apoyar al nuevo Alcalde abiertamente, activamente, prolíficamente. La ciudad no podrá resistir muchas malas administraciones más. Que le vaya bien a Byron es la única garantía de que nos vaya bien a todos. Él tendrá claro que no puede fallar.
El espacio que el nuevo Alcalde tiene para maniobrar es estrecho. Pero estoy convencido de que puede ampliársele la cancha si los ciudadanos mantenemos una actitud vigilante y crítica frente a los concejales. Recuerden que son los ediles los que marcan el ritmo de la administración, y casi nunca estamos pendientes de lo que hacen. Nosotros, los ciudadanos, les hemos permitido actuar en la sombra, impunes.

Mucho ojo a los concejales.(O)