En muchas de las conversaciones que se tienen sobre la naturaleza del ser humano, su esencia, propósito de vida, etc. uno de los temas que más polémica produce es alrededor de si existe la “suerte” o todo es producto de nuestra acciones, lo que se conoce como la “Ley de Causa y Efecto” o “Acción y Reacción”. Por la importancia de este aspecto en nuestras vidas, esta columna acoge el aporte y la reflexión de un joven profesional, docente universitario y por sobre todo un hombre libre y de buenas costumbres como es Cristian Molina. Muchas gracias por esta colaboración.

“SUERTE AD INFINITUM
Para unos la suerte es la bendición que recibimos del Creador, esa energía que sentimos cuando algo nos sale bien; para otros es el resultado de nuestras acciones, el efecto de nuestra causa, lo que justamente merecemos; y para los escépticos, la suerte simplemente no existe. Pero la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida por muchos, esta ley está presente desde los inicios del ser humano, ha trascendido en el tiempo y se ha perennizado en la vida; nuestros padres nos decían que “todo a la vuelta de la equina se sabe”, fueron sabios en la cotidianidad de sus pensamientos. De lo que ellos intentaban hablarnos era del Principio Universal de Causa y Efecto; principio que encierra paradojas ad infinitum, que ni los grandes pensadores en millones de años han logrado descifrar. Sin embargo, las causas y los efectos han estado presentes en nuestras vidas en todos los momentos – toda acción tiene su reacción –. “Un suceso o acontecimiento es lo que viene, llega u ocurre como consecuencia o resultado de un hecho o evento anterior”. “Así como un hombre tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos y así sucesivamente…, así también sucede con el número de causas que subyacen tras el suceso o fenómeno más mínimo”. “Todo pensamiento generado en nuestra mente, todo acto materializado por nuestra voluntad tiene sus resultados directos e indirectos que se eslabonan coordinadamente en la gran cadena de causas y efectos”, (Trismegisto, 4000 a.a.d.c.). Entonces la suerte no es otra cosa que el resultado de nuestra creación – mientras más sudas, más suerte tienes –; y para poder crear algo se necesitan acciones en concreto, voluntad para hacerlo aquí y ahora. El proceso creativo se vuelve realidad no gracias a la suerte, se vuelve realidad gracias a la unión de el pensamiento y la capacidad de la fe, se vuelve realidad cuando deseas conseguir algo, cuando tienes claro aquello que deseas, cuando tus pensamientos trabajan en ese deseo y tus acciones las han de conducir a ello, cuando lo visualizas como si ya lo tuvieras, como si lo sintieras que ya es tuyo, que te corresponde; entonces es momento de agradecer, eleva tu conciencia al nivel más alto de gratitud y amor – lo único que mientras más das más recibirás es amor –, entonces da amor y agradece por lo que aún no tienes pero sabes que pronto lo tendrás. El Universo trabaja recibiendo lo que piensas ¡lo que decretas!, cuantas más veces agradezcas al Universo por las bendiciones recibidas ¡así aún no las tengas!, más cosas vendrán a ti. La suerte es el resultado de nuestras acciones, y nuestras acciones se construyen después de pensar, visualizar, sentir y agradecer. Así que no culpes a Dios por el tipo de suerte que tienes, busca en tu interior las acciones concretas realizadas por ti que te llevaron a cargar esa cruz”
Importantes reflexiones que esperamos hayan calado en cada uno de los lectores y aporten para ratificar o rectificar nuestras acciones en beneficio personal, de sus familias y de la sociedad en general.(O)

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