El martes 3 de noviembre de 2020 se elegirá al próximo presidente de los Estados Unidos de América (EE.UU.), evento que concita la atención y expectativa mundial, dado que se trata de la primera potencia económica y militar. La influencia decisiva de EE.UU. en la geopolítica del orbe es indiscutible; por ello, interesa a todos los países -aliados o no-, saber quién será el líder que gobernará este gran país en los venideros cuatro años, a contar de enero de 2021. 

Al ser el principal socio comercial del Ecuador, la próxima administración nacional tiene la ineludible obligación de afianzar y potenciar la relación bilateral, misma que se encuentra en inmejorables condiciones.

La política norteamericana en el plano nacional se centra en la defensa de sus vitales intereses; más, en el caso de EE.UU. estos van más allá de su territorio, por lo que su política exterior está orientada a mantener y ampliar su liderazgo, así como contribuir a evitar que los conflictos pongan en riesgo la paz mundial.

Donald Trump, siendo empresario, auspiciado por el partido republicano, accedió a la presidencia de EE.UU. el 20 de enero de 2017, y, con sus 74 años, aspira a la reelección. Joe Biden, por cumplir 78 años, político profesional, senador y ex vicepresidente, perteneciente al partido demócrata, es su competidor.

No solo están enfrentándose las dos corrientes políticas más relevantes y tradicionales de EE.UU., sino dos visiones de cómo manejar al país que ostenta una de las democracias más sólidas, representativas e institucionales del mundo.

Trump no viene -a diferencia de Biden-, de la corriente política tradicional o profesional: salió de la vertiente empresarial, dando así una nueva visión de cómo mejor gobernar. Por lo general, los que han asumido la presidencia de esta gran nación, han sido previamente senadores o gobernadores. 

Biden tiene 50 años de hacer política, y, por su experimentada carrera, aseguraría una administración que, basada en las orientaciones progresistas de los demócratas, podría hacerse acreedor al apoyo ciudadano. Trump, por su lado, de vertiente conservadora republicana, ha tenido que enfrentar sin mayor éxito los efectos del covid19. Pero, asimismo, acaba de anotarse un indiscutible triunfo internacional con la firma de tratados de paz entre Israel -principal aliado de EE.UU. -, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrain.

En fin, los ciudadanos están ante una disyuntiva: o votar por la continuidad, inclinándose por Trump, o, por el contrario, dar un giro hacia los principios demócratas, prefiriendo a Biden. De lo que sí están seguros los estadounidenses es que los objetivos nacionales de los Estados Unidos de América, en cuanto a la defensa de la democracia, en lo político; el capitalismo en lo económico; y, mantener su liderazgo, incluso en lo militar, son estrictamente defendidos por demócratas y republicanos.

Lo cierto es que, cambiando solamente algunos matices o priorizando ciertos temas por parte de las dos opciones políticas de EE.UU., los principios esenciales que inspiran su Constitución Nacional siguen incólumes: justicia, bienestar, prosperidad y libertad.(O)