Alan Cathey

En medio de la terrible guerra impuesta por Rusia a la República de Ucrania, que entra a su quinto mes, la Unión Europea ha logrado activar un mecanismo acelerado para la admisión de Ucrania al espacio europeo, como aspirante, en un tiempo récord. Ucrania, para alcanzar status de miembro pleno, debe realizar extensas reformas, políticas, económicas y jurídicas, para adecuarse a las normas europeas vigentes. Tomará varios años adaptar las instituciones del país a la legislación, pero el paso dado con la admisión y la celeridad de la misma, son un extraordinario éxito para Ucrania como país, y para su presidente, Vladimir Zelenski.

La decisión de la UE, envía un mensaje muy potente sobre su voluntad de no someterse a chantajes y voluntades externas, y mantener su objetivo de integrar en una sola entidad a los países donde la identidad y el sentido de pertenencia con esa cultura y sus valores, están presentes y vivos. El que igualmente se haya aceptado a la República de Moldova

 como aspirante, refuerza aún más el mensaje unitario de Europa.

Probablemente , se acelerarán los procesos para la admisión, como miembros de pleno derecho, de varios estados aspirantes, sobre todo en los Balcanes, que han expresado alguna insatisfacción por el ritmo de sus propios procesos. Los conflictos, activos o latentes, como el de Kosovo o el de Bosnia, no ayudan al avance de éstos.

Sin duda, la heroica resistencia ucraniana a la agresión rusa, ha sido factor decisivo para la rápida decisión europea. Retrospectivamente, resulta inevitable preguntarse cómo podía haber cambiado la historia, si, tras la anexión rusa de Crimea en 2014, irrespetando los compromisos firmados por Rusia en 1994, reconociendo sin reservas las fronteras de la República de Ucrania, incluida Crimea, la UE hubiera incorporado de inmediato a Ucrania a la Unión, como ésta solicitó repetidamente. Es de lamentar que Europa no haya aplicado a tiempo las duras lecciones de su historia, al demorarse en enfrentar a los matones internacionales. Recordar la claudicación de Europa ante Hitler, sacrificando Checoslovaquia en aras

 de una supuesta paz, aplacando al dictador, debería haber sido suficiente recordatorio de que, a los tiranos, mientras más pronto se los detenga, mejor será.

Finalmente se ha hecho lo correcto. Ucrania y Moldova están en el proceso de admisión e incorporación a la UE aún cuando Ucrania lo hace con la cuarta parte del país ocupado por fuerzas rusas que practican una guerra de destrucción, de tierra arrasada, sin consideración a elementales principios de respeto a civiles, mujeres y niños, blanco de la tradicional brutalidad del ejército ruso y su doctrina militar.

Las perspectivas de una guerra larga son muy probables, con mucho mayores sufrimientos para el país, obligado a destinar todos sus exiguos recursos para sobrevivir como nación y país independiente, ante la obsesiva intención de Putin de reducirlo a la condición de otro estado vasallo, al estilo de Bielorusia.

Para Rusia, una Ucrania económicamente próspera, con instituciones democráticas y políticas sólidas, es una amenaza estratégica mayúscula, por el riesgo de contagio para su pueblo, que podría mirar como un país en

 libertad crece y prospera, lo que desmontaría la mentirosa propaganda del Kremlin.

Para la tiranía, el espectáculo de la libertad creadora es una amenaza existencial sin precedentes. Rusia hará lo imposible para destruir a Ucrania, para arrasar sus infraestructuras, y en lo posible, apoderarse del Donbas y de los puertos ucranianos al mar de Azov y al Mar Negro. La histórica práctica rusa del saqueo sistemático de los países que ha ocupado en una larga historia de rapiña, se mantiene, ya que forma parte íntima de su ethos cultural, como demuestra su actual estructura económica, donde la riqueza está en manos de una oligarquía mafiosa patrocinada por el nuevo Zar.

Su objetivo será paralizar la economía ucraniana por muchos años. La admisión de Ucrania y Moldova es un grave golpe para esa política rusa, y causa de sus airadas reacciones, pues, es consciente de la capacidad económica europea, que orientada reconstruir Ucrania, producirá un importante despegue económico, contrastando con el retraso y la miseria en Rusia .

 Conviene constatar cómo los objetivos estratégicos rusos citados como motivo de la agresión, han fracasado abismalmente.

La supuesta expansión de la UE hacia el este, ahora se ha concretado, con el ingreso de Ucrania y Moldova.

La agresión rusa ha logrado un imposible por décadas, las solicitudes de Suecia y Finlandia para ingresar a la OTAN, con lo que sus alegaciones de la aproximación de la OTAN a sus fronteras se concreta.

Ha logrado otro imposible, la unidad europea en torno a su defensa. Está aprobada ya la modernización y rearme de las fuerzas armadas europeas, que impondrá una carga insostenible, si Rusia quiere igualarlo, a una economía más pequeña que la italiana. Finalmente, significa la renuncia de Rusia a su identidad y herencia europea, orientando Putin a Rusia exclusivamente al Asia. Sus pretensiones de asemejarse Pedro El Grande, quedan ridiculizadas ante su política, exactamente contraria a la de Pedro, cuyos objetivos fueron integrar a Rusia con Europa. Eso es fracasar en toda la línea. (O)