Sin lugar a dudas los 18 días paralización en el junio que pasó, serán recordados con incertidumbre, dudas, más preguntas que respuestas y sobre todo con la clara idea de que la impunidad ronda y que enorme daño causado quedará sin castigo.

Y nos preguntamos sin pasiones, cómo puede quedar en la impunidad el envenenamiento del agua potable de Ambato, acaso es un hecho que obedece a la legítima protesta. Los actos vandálicos fueron tomando forma y aumentando en su intensidad como el ataque al convoy en Sushufindi o los planificados ataques en Calderón, sin hablar del desabastecimiento y la paralización del sector productivo.

Después de semejante aventura, el Ecuador queda descuadernado, mal herido. Es evidente que para dar un paso al frente en el camino de la pacificación, las partes deberán aceptar sus responsabilidades con madurez. A estas alturas pensar que destruir, invadir propiedad privada, incendiar inmuebles, matar o herir, son parte de un legítima protesta sería insano para la Nación. (O)