Sin lugar a dudas, el gobierno nacional ha hecho mucho, pero falta mucho por hacer. Sería imperdonable no reconocer la impecable campaña de vacunación nacional que ha permitido que el país vuelva a la normalidad después de una crisis sanitaria sin precedentes para el mundo entero, campaña que continúa con éxito y en la que se han invertido ingentes recursos económicos.
Otro ha sido el tema de reducir el déficit del gobierno central, las cuentas fiscales hoy en día son más claras y la estabilidad macroeconómica del país está sentando las bases para una economía más sana, por otro lado, la dolarización está sólida, algo impensable un año atrás.
Sin embargo, el peso de la recesión continúa impactando al ecuatoriano promedio que no encuentra una salida a la falta de empleo, a la subida de los productos de primera necesidad, al deterioro de la atención en varios servicios públicos, como es el caso del Registro Civil.
Por otro lado, la violencia desatada en las calles y en las cáceles a nivel nacional, causan verdadero pánico entre la población que se siente indefensa. Como expresó el Presidente, lo que ocurre en las calles es una reacción ante una nueva actitud para hacer respetar la ley, resaltando que en el pasado cedieron territorio al hampa y el gobierno ha reafirmado su compromiso de enfrentar a las organizaciones criminales en el país.
Lo cierto es que el Ecuador camina; pero necesita sentir a su gobierno cerca, porque esa fue la voluntad de la mayoría de ecuatorianos que votaron por un cambio de gestión, un cambio que esté orientado a hacer prevalecer las justicia, fortalecer la democracia y sentar las bases para el progreso de todos los ecuatorianos. (O)