Vivimos la crónica de una muerte anunciada, pues nos referimos al insólito precio del crudo -37, algo que jamás imaginamos; pero que a la vuelta de la esquina, en un abrir y cerrar de ojos sorprendió al mundo entero.

La absurda dependencia de las finanzas públicas a este recurso, deja en una difícil situación económica al Estado, con preocupación pensamos, en por qué no se han dirigido más recursos a la agricultura, para tener otra alternativa sustentable que ayude a salir de una situación tan complicada.

Sin duda jamás se les ocurrió esta realidad a los señores de la década ganada que tanto alardeaban de su apoyo al campo, del que decían que era su segunda casa. Hay que analizar dónde se formaron para llegar a ser semejantes economistas, tan importantes y sobresalientes en el mundo del socialismo del siglo XXI.

Hoy nos topamos con la amarga realidad de que fuimos dirigidos por unos simples charlatanes, que la única vocación que tenían era la delincuencia, se llevaron todo el dinero que en estos momentos se hubiera podido utilizar para salir de esta desgracia. Se eliminó el fondo de contingencia, porque hasta eso tuvieron la desfachatez de llevarse los amigos de la revolución ciudadana, que el día de hoy, seguramente no podrán dormir tranquilos, viendo tanto muerto que se habría podido salvar, no con esos enormes elefantes blancos que dejaron, completamente desprovistos de equipos e insumos, sino más bien con instituciones como el Esquieta Pérez en donde se realizaban los reactivos para las pruebas de pandemias como éstas.

Hoy que no queda nada, que devastaron todo, nos hemos quedado a la deriva, a la buena de Dios viendo con desesperación quien nos auxilia, porque humanamente resultará imposible salir solos de este descomunal problema global.

No nos queda más que seguir a la espera de la comunidad internacional, pidiendo limosna para ver quién se apiada de este mendigo y nos da un aletazo para poder subsistir en los próximos meses.(O)