Hoy celebra el país entero el Día de Quito y lo hace con la devoción y estima que todo ecuatoriano guarda para esta ciudad, que siendo el núcleo de la nacionalidad extiende sus brazos cordial y cariñosamente a cuantos llegan a su seno.



Para los hijos de esta provincia, especialmente, Quito resulta tan entrañable. La circunstancia de encontrarse a pocos kilómetros de la bella metrópoli, ha hecho que Latacunga se vincule muy estrechamente con ella. Las condiciones de la E35 permiten un puente diario y permanente entre las dos ciudades: en sus congestionadas calles nos cruzamos con nuestros coterráneos con igual frecuencia que si estuviésemos en la propia urbe.

Además, estamos seguros, no existe cotopaxense que no tenga en Quito algún familiar íntimo, quien llevado de las circunstancias de la vida, abandonando el lar nativo fuese a encontrar nuevo y acogedor hogar bajo su cielo azul y magnífico.

Todas estas circunstancias, en consecuencia, nos acercan más y nos unen material y espiritualmente a la bella ciudad de Benalcázar, y hace que compartamos sus penas y alegrías, todas sus glorias y esperanzas: que nos llenemos de justo júbilo al verla destacarse airosa y señorial, ostentando magnífica toda la insuperable riqueza de arte y galanura que le legaron sus preclaros hijos.  

Malos tiempos le ha tocado vivir a Quito, pésimas administraciones municipales han atentado contra su equilibrio y esencia; pero estamos seguros de que se volverá a tomar las riendas de su destino y saldrá airosa de esta prueba.


En esta fecha que conmemora su fundación, el origen de su grandeza, todos cuantos habitan al amparo del sagrado Emblema Patrio, rinden pleitesía a Quito y lo hacen convencidos que al hacer así esta ciudad es el trasunto de su historia y grandeza.