Si algo es realmente preocupante dentro de la crisis que está viviendo el país es la división de criterio imperante con relación a las medidas que deben tomarse para que salga adelante. No se llega a acuerdos para su gobernabilidad, el tema de seguridad se desborda, el narcotráfico hace de las suyas, lejos quedó el Ecuador de paz.
Una casa dividida no prevalecerá, dice la palabra evangélica y mucha  sabiduría encierra, porque estamos contemplando pasmados como esta Patria nuestra se rompe y desangra sin que haya una mínima intención de que se realicen los cambios que anheló la mayoría de ecuatorianos un año atrás.
Si bien es cierto el gobierno cosechó un rotundo éxito con su plan de vacunación, pero luego las cosas cayeron en picada porque la falta de comunicación para informar a la opinión pública sobre los importantes avances que ha realizado en el plano macroeconómico dieron pie para que se dispare una oposición implacable que lejos está de ser saludable para la Nación.
Por otro lado la violencia criminal desatada por el narcotráfico lo ha contaminado todo, se apoderó del territorio nacional y hace de las suyas sin control. Las matanzas carcelarias y los crímenes a lo largo y ancho del país son una clara muestra.
Y en medio de este caos, se presenta la agenda del movimiento indígena, que crea más controversia. Lo más triste de todo es que al final de este cuento, no quedará del lobo un pelo.  (O)