Una vez más quedó demostrado que la cárcel de Cotopaxi, se encuentra absolutamente fuera de control, hoy ocurrió lo que se veía venir, alrededor de 100 reos fugados, tras una intensa batalla entre PPLs , Policía Nacional y el Ejército, con sus fuerzas élite de choque.  

El tema de los muertos y heridos no es novedad en el lugar; pero luego de la intensa batalla campal que se dio ayer, en la que los presos utilizaron armas de grueso calibre, como ametralladoras, pistolas, según algunos testigos entrevistados, hasta bombas y granadas, el reclusorio quedó gravemente afectado, prácticamente sin mayor seguridad.  

Sólo hay que imaginar que el número de reos del CPL es similar al de una parroquia de Cotopaxi, cerca de seis mil personas que se encuentran en hacinamiento, todos metidos en una olla de presión, a punto de reventar. Ayer se desencadenó el infierno, fueron cerca de tres horas consecutivas de tiroteos, en los que se registró fuego cruzado, balacera de lado y lado, ya ni siquiera los inhibidores de señal quedaron vivos, las cámaras de seguridad, hace mucho tiempo atrás ya fueron destruidas; es decir, es tanta la confusión, que ya no se sabe, ni siquiera a quién culpar de los hechos.  

Cotopaxi no merece esto, considerando en primer lugar que la presencia del centro carcelario no se socializó; por otro lado para calmar a la población se vendió la idea de que sería un espacio de máxima seguridad, con todos los adelantos de una infraestructura pionera para cumplir los  parámetros más alto de la rehabilitación social.

Pero como se sabe, hoy es hogar de las peores pandillas criminales del país y no se dice, ni se hace nada al respecto,  sin duda que ésta es tierra de nadie. Por ello pensamos que es hora que la ciudadanía levante su voz y exija que este indeseable lugar sea reubicado, sería bueno que se habilite al penal García Moreno, para que se reubique a todas esas pandillas, que nada tiene que ver con la realidad en la que vive este sector de la sierra, que hoy tiene que aguantar a estas mafias, en la misma celda de un coterráneo que cayó en prisión, por un problema de tránsito, o por un juicio de alimentos; una terrible injusticia que no tiene nombre. 

A pesar de la continua peligrosidad a la que está expuesta la población cotopaxense, a nivel local no existe un cuartel de grupos élite que puedan controlar y amedrentar rápidamente estos permanentes amotinamientos; no hay un buen sistema de ojos de águila, y se cuenta con algo menos de una veintena de patrulleros, y muy pocos uniformados, para semejante situación, que hacen de esta tierra un lugar abandonado y a la buena de Dios. (O)