Amada:

Chile es un país ubicado al sur de América, su forma geográfica lo hace peculiar al extenderse de manera alargada hasta llegar al final del continente en zonas polares. Hace tres meses llegué a su capital, Santiago. Es una ciudad grande, llena de arte en sus barrios tradicionales, con grandes avenidas, bibliotecas, café con empanadas de pino y vida nocturna particular.

Al salir de casa por la mañana el frío es intenso, como la maravillosa vista de la cordillera de los Andes llena de nieve; mientras que, por la noche desde el Valle del Elqui, en la Serena, se pueden ver las estrellas y la luna más de cerca. Me siento con mis amigos rodeando una fogata, acompañando el momento con un pisco y un pastel de espinaca que no se veía muy bien, pero resultó ser una delicia.

A cuarenta minutos de la gran ciudad, se encuentran varios viñedos en los que el aroma de la uva y la madera añeja entran por cada poro de la piel y te sumergen en un elixir que encanta a todos los sentidos. ¿Te conté que es el mismo vino con el que celebramos conocernos?, pues casualmente es el mismo con el que ayer brindamos por lo que añoramos en silencio sea un hasta luego.

En el Sur, Valdivia y sus alrededores muestra una pequeña Europa, con sus casas grandes de tapiales altos, y con estufas que emanan humo en estos días fríos. Es así como confirmo el panorama que presenta Isabel Allende en sus múltiples relatos, que sabes me encantan leer. Por la noche compartimos una agradable conversación con amigos y otras personas se juntan a nuestra mesa a degustar una de las mejores cervezas artesanales de la zona, se llama Kunstmann -mi favorita es la de miel-. En Pucón, el clima no nos favorece mucho, pero amerita dar un paseo en bicicleta y tomar un chocolate caliente.

Después de un invierno fuerte desde que llegué, por fin sale el sol al llegar a Temuco, nuestra siguiente estación.

Debo decirte que la tradición indígena mapuche que guarda esta región, posee un poder particular, la energía que emanan sus campos se percibe desde la mañana hasta la caída del sol que la disfrutamos en el río comiendo mandarinas –o clementinas-. Por la tarde nos esperan los gatos, Charlotte y la abuela tierna, que preparó un postre especial para las invitadas.   

En agosto, el frío nos abandona de a poco, y Viña del Mar nos da la bienvenida. Valparaíso y su arte, nos regala una tarde particular que además de ser colorida, con algarabía le celebra el cumpleaños a la tradicional caricatura de “Condorito” en su tienda, con torta y pastel de choclo. Posiblemente en la noche seguirá el festejo con un terremoto cantando en Bellavista, podrás imaginarte claramente el lugar en donde estaba.

De regreso, en Santiago espero el bus 514 que me llevará a mi destino continuo durante estos tres meses: la Universidad de Chile, que acoge a 20 mujeres que nos hemos reunido por motivos distintos pero un ideal común: aprender – a ser libres-.

Te preguntarás ¿Qué podemos entender por libertad, en nuestro tiempo? ¿Cuál es la libertad que ahora la mujer propende? Es simple responder: la libertad que cada una cree merecer y decide tener.

Debes escuchar en la radio, en las noticias o hasta en las calles, que muchas personas critican el rol de la mujer ahora, el empoderamiento sobre sus decisiones, la manera particular que cada una tiene por defender sus sueños. Pero lo cierto, es que nadie nos puede privar de ser felices. Con mis primeros párrafos es como he decidido mi libertad, mi forma de ser y te la comparto.

Amada, dicen que en la vida hay nuevas oportunidades, al contrario, creo que cada vez que sufrimos un golpe fuerte, esa vida termina, para dar paso a una nueva. Ahora confirmo lo que me decías en tus cartas, las que me demoré en abrir, y en las que asegurabas que todas tenemos un ave fénix en nuestro interior.

He conocido lugares mágicos, así como gente maravillosa que marcan mi historia y guardaré siempre en mi corazón. Me enamoré de este país desde el que escribo por última vez, con una nostalgia infinita que me embarga, ya que aún sin partir añoro volver.

Porque vine del norte a este sur sin buscar nada y lo encontré todo, me había perdido en un mar de preguntas que no tienen respuesta, pero que me han llevado a saber que estoy en puerto seguro en el que puedo esperarlas una eternidad de ser necesario.

Debo dejarte, desde mi habitación ya se escuchan los ruidos de los chicos que me esperan para cenar y conversar como siempre. Te escribiré de nuevo, desde algún lugar que no podría decirlo ahora con certeza.

¡Bon voyage!

Santiago, 17 de agosto 2018 (O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

once − 9 =