El Ecuador aparece con poca frecuencia en los medios internacionales de prensa, y ocurre por temas algo extraños que llaman la atención, no siempre favorables. Podemos recordar páginas obscuras como cuando concedimos asilo político a Julian Assange en nuestra humilde morada en la capital británica, de la que aún no ha salido, desafiando a potencias que le persiguen por delitos comunes. O cuando inauguramos y al mismo tiempo abandonamos un moderno edificio y escultura en honor de Nestor Kirchner, en la mitad del mundo junto a una réplica de un pueblo andino.
Hace pocos días fuimos mencionados una vez más en la prensa internacional por el nombramiento de la ecuatoriana María Fernanda Espinoza, una poetisa sandinista de cuerpo y alma, como lo atestiguan su vida y sus propias declaraciones en favor de los más recalcitrantes gobernantes emblemáticos del socialismo del siglo XXI: Rafael Correa, Nicolás Maduro y especialmente Daniel Ortega. Es difícil comprender la lógica en su accionar literario que le ha llevado por los más diversos caminos políticos, debutando en el Ecuador con la alianza que llevó al poder al delfín de Hugo Chávez, Rafael Correa que gobernó con un modelo político perverso, el socialismo del siglo XXI; pasando por el servicio público en la defensa nacional, el ministerio de Relaciones Exteriores hasta llegar a un bienio sabático en Ginebra con todos los gastos pagados para que siga escribiendo odas al poder hasta alcanzar favores a la altura de sus más secretos sueños.
Reconociendo la libertad de cada ser humano para definirse ideológicamente y llevar su existencia como le sea más conveniente, no deja de preocupar el errático comportamiento del ciudadano que compromete su intelecto para servir a la Patria, pues por encima de sus individuales aspiraciones debería ubicar como norte y guía los intereses del país al que sirve. Esta situación se agravó cuando su compañero sentimental sandinista pusiera en tela de duda la palabra del Presidente Lenin Moreno al sugerir que la apertura hacia el sector privado era apenas una estrategia para construir una imagen de diálogo, y que las decisiones políticas se mantendrían de acuerdo a los lineamientos previstos en su círculo.
Con estos antecedentes, tenemos suficientes razones para cuestionar las verdaderas intenciones de la ex ministra de relaciones exteriores por segunda ocasión, una con Rafael Correa y otra con el actual Presidente, para alcanzar, contra viento y marea, la nominación a la presidencia de la Asamblea de la Naciones Unidas que le correspondía a América Latina, abriéndose espacio político para lograr algo que no ha sido explicado por la candidata ni el Jefe de Gobierno que la auspicia.
Más bien nos parece que existen suficientes elementos de juicio que apuntan a un compromiso de “cuerpo y alma” con sus amigos de Venezuela, Argentina, Nicaragua, Cuba y Bolivia, a juzgar por sus sentidas palabras de complicidad hacia Nicolás Maduro y su revolución Bolivariana de hambre y miseria, que ha devenido en un proceso genocida por la falta de alimento, medicinas, seguridad y exceso de autoritarismo; así como a la otrora revolución Sandinista que sacó del poder a un dictador para poner otro que le ha superado, contando con más de un centenar de muertos en menos de un mes.
Este “triunfo” para los socialistas del siglo XXI y los Sandinistas, no es claro que sea un triunfo para los ecuatorianos que a la misma hora nos enfrentábamos a una amenaza a la seguridad, liderada por un tal Huacho, que no ha merecido la menor acción por parte de la ex ministra ecuatoriana. ¡Esperamos respuestas claras y convincentes!(O)

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