Estas manifestaciones de protesta se han transformado en una verdadera guerra campal en la que se han visto los actos vandálicos más sorprendentes.
El día de ayer en la madrugada nos contaban amigos de Ambato, que andaban bandas enteras de delincuentes atracando las casas, estos antisociales estaban fuertemente armados, al punto de que muchos ciudadanos tuvieron que amanecer despiertos, resguardando sus hogares; por otro lado vándalos trataron de meterse a destruir la Contraloría General en la capital; aquí en esta provincia han asaltado fábricas y plantaciones; es decir se salió completamente de tono la manifestación pacífica que se anunció.
Las ciudades se han convertido en campos de batalla, algo que distorsiona totalmente el propósito del rechazo a las medidas del régimen y se transforma en la oportunidad perfecta para que la delincuencia haga de las suyas como lo estamos viendo también en Guayaquil, en donde los saqueos se han producido por toda la ciudad.
El gobierno y los indígenas deben llegar a un acuerdo inmediato, la protesta no puede seguir prestándose para que otros grupos causen el caos, la inseguridad y la violencia, no queremos hablar de una anarquía total.(O)