El inesperado crecimiento abismal de contagios del Covid 19, motivó a las autoridades de salud a implementar una urgente acción de reforzamiento de inmunidad para aquellos ciudadanos que hubieren recibido dos vacunas, y llegar con la primera o segunda dosis para aquellos que no hubieren completado la primera fase.  Considerando la exitosa campaña emprendida con apoyo de la empresa privada, la Ministra Garzón solicitó nuevamente el apoyo, que fue aceptado sin condiciones por parte del Comité Empresarial Ecuatoriano que agrupa a más de 110 gremios de primero y segundo nivel.

De forma ágil, se organizaron centros de vacunación a lo largo y ancho del país, bajo responsabilidad de empresas privadas que asumieron el costo de insumos, personal médico para colocar las vacunas, digitadores de datos, seguridad, personal de apoyo, instalaciones aprobadas por el Ministerio de Salud y los carnets a ser entregados a los vacunados. Se limitó la inmunización a mayores de 18 años que hubieren recibido dos dosis, con al menos cinco meses de tiempo transcurrido desde la segunda dosis. En Cotopaxi se instalaron 5 puntos en Cedal, Provefrut, Novacero, Aglomerados Cotopaxi y EQR donde se aspiran a poner el refuerzo a 25.000 personas.

Este ejercicio de colaboración exitoso, demuestra lo que pueden hacer los sectores público y privado uniendo sus capacidades en función de un objetivo de interés común. Sin embargo, esta capacidad de acción conjunta puede aplicarse a muchos otros campos. El sector privado tiene la mente abierta, y no dudará en respaldar iniciativas creativas que permitan ejecutar proyectos en beneficio de las comunidades. Así podrían implementarse programas para fomentar el empleo, pasantías, apoyo a emprendedores, programas educativos, campañas de salud preventiva, programas alimenticios, entre muchos otros.

Esta evidencia debe motivar a dar la vuelta la página, dejando atrás el trato receloso, de alejamiento entre estos sectores, que ha existido siempre. Incluso al tiempo de legislar, el sector privado puede colaborar planteando estructuras normativas y sancionatorias que sean adaptadas a la realidad, manteniendo el Estado el derecho a dar su aprobación, para no dejar dudas sobre su competencia para legislar.  La empresa privada puede participar inclusive en veedurías, para fortalecer la capacidad de participación de los ciudadanos en la gestión pública.

Estos mismos criterios son aplicables a nivel de los Gobiernos Provinciales y Municipales, para lo cual solamente se requiere la apertura de sus autoridades. Debe observarse que estas son pasajeras, mientras que las empresas privadas son permanentes en el mediano y largo plazo. Por extrañas razones, no existe una relación trasparente y abierta entre estos sectores, aunque no hay obstáculo real alguno que lo impida. Quizás la estigmatización que las corrientes políticas han dado a los empresarios, haya tergiversado la real predisposición que estos tienen a apoyar lo que afecte su entorno, porque el éxito de cualquier empresa no sería tal, si quienes componen su círculo de influencia no lo comparten.

El engrandecimiento de un territorio, incluyendo un país, dependerá de la capacidad individual de sus actores, que se potencia por medio de la organización de la sociedad, en todas sus formas. La unión hace la fuerza. Juntos seremos capaces de alcanzar metas muchos mayores. Tenemos más objetivos en común en cualquier organización social, a pesar de que puedan existir situaciones que nos alejen. Bien podríamos priorizar los consensos, dejando los disensos para gestionarlos en debida oportunidad.

Cotopaxi puede proponerse específicos objetivos para empezar a transitar por el camino hacia el progreso. Salir del estancamiento no será logrado por gestión del Gobierno Central. Esto dependerá de nuestras capacidades, cuya activación solamente depende de nuestra voluntad.

¡DEMOS EL PRIMER PASO! (O)