En América Latina  se vive desde hace rato  un proceso de cambio en todos los órdenes de convivencia regional, muchos de estos cambios tienen relación directa con la geopolítica mundial y de los conflictos visibles e invisibles que están presentes en el mundo. Punto importante de este análisis es la transposición de instituciones metropolitanas europeas –en nuestro caso- de España, que ha sido desde siempre una realidad, pese a nuestra independencia cercana a los doscientos años, lapso durante el cual se ha impuesto a nuestra colectividad nacional y regional estructuras y tradiciones  culturales, religiosas, políticas,  económicas, paternalistas y hasta las educativas en todos sus niveles, produciendo en toda la región reacciones que encaran los  requerimientos del nuevo milenio en estos primeros veinte y un años del presente siglo.

La educación Superior en la región, demuestra la gran contraposición simultánea que se detecta entre una universidad tradicionalista, muy apegada al –statu quo– y una Universidad crítica necesaria en toda democracia. La primera que para mantener su buena relación con los administradores del poder político llega a simular patrones de canje de cambios aparentemente estructurales -como aquellas-  planteadas en la denominada revolución universitaria de Córdova, fruto y resultado de la lucha de estudiantes universitarios y profesores progresistas en el siglo anterior. Esta universidad mantiene el derecho de representación de estudiantes, profesores y trabajadores en los organismos de dirección, se mantiene el derecho de tacha contra los profesores carentes de idoneidad para ejercer la docencia y una figura que se ha adecuado denominada vinculación con la comunidad. No exageramos al señalar que esta universidad tradicionalista desarrolla sus actividades bajo la premisa –casi única- de producir profesionales en sus diferentes Facultades y Escuelas y entregarles un diploma o título que les acredite el ejercicio de una profesión  de tercer nivel, sin tomar en consideración las necesidades vitales de esta nueva era, las circunstancias específicas de la región y obviamente de cada Estado.

Frente a esta universidad tradicional que brevemente la hemos descrito, debemos consignar nuestro criterio sobre lo que pensamos debe ser la universidad de ahora –una universidad critica-. No puede haber duda de que los momentos que vive la región y el mundo en general, hacen de este momento una verdadera instancia de transición en lo económico, social, político, cultural y educativo, El mundo vive momentos de cambios estructurales y se sostiene polarizado entre   un capitalismo liberal y sus bondades expuestas por sus defensores y un socialismo-comunismo  que pretende priorizar una mayor presencia  del Estado, con la representación de partidos políticos únicos y una educación en toda su estructura dirigida más al adoctrinamiento que a la investigación. Entonces, -la universidad crítica- debe ser aquella que guíe la administración del Estado, llevándole por los cauces democráticos  de transformación radical, orientándole en él conocimiento y análisis de los grandes problemas, entregándole soluciones que concuerden con el mayor beneficio común. La universidad crítica debe ser constructiva, debe sacudir  los cimientos mismos de su vieja estructura enquistada en el pasado y proyectarse con esmero al futuro bajo la premisa de los objetivos nacionales permanentes. Una educación que  en todas sus etapas estructurales sea de calidad.

Mantener en las actuales circunstancias una universidad tradicionalista apegada al –statu quo-, servirá simplemente como utensilio de sostenimiento de estructuras caducas de la sociedad y del Estado, mientras los cambios que la sociedad requiere seguirán pendientes en el país y  en la región. Los países caminarán hacia donde les guíen sus universidades -que dejen de lado- su conformismo y sean críticas.