Estábamos a tan solo 3 horas de distancia y en pleno verano en Chile, así que no podíamos dejar pasar la oportunidad de ir el fin de semana a la playa. Empaqué el traje de baño, bloqueador, sandalias y ropa ligera. Por sugerencia de Francisco, mi esposo, también incluí una parada de ropa abrigada, algo inusual a mi forma de ver, porque la temperatura de verano alcanza los 33 grados, al menos en el lugar donde vivimos. Accedí sin mayor cuestionamiento, creí que era más por precaución.
Después de un agradable viaje en auto, llegamos. La temporada de vacaciones se hacía evidente y había bastante movimiento. Luego de almorzar, preparamos nuestras cosas para aprovechar el resto de la tarde en la playa. Llevé conmigo todos los insumos necesarios, al menos lo que solía llevar en Ecuador. Cuál sería mi sorpresa al llegar y comprobar que a pesar del radiante sol, la temperatura alcanzaba los 18 grados, la misma temperatura de Latacunga. ¡Achachay! Estábamos en la playa, pero hacía frío y un fuerte viento. Me quedé con el pareo a manera de cobija, sin intención de broncearme y con el recelo que me diera una gripe.
Francisco me miraba con gracia, mientras me decía “para que valores las playas en Ecuador” mientras me retaba a sumergir al menos los pies en el agua. Accedí confiada porque veía a varias personas, incluyendo niños, que se bañaban plácidamente. No alcancé ni el minuto, el agua estaba helada y se me entumieron los pies al instante. Solo en aquel momento entendí su emoción hace casi un año atrás, cuando visitó por primera vez la playa de Canoa en Ecuador. Aquel día era nublado, hacía un poco de viento y estaba pasada la tarde; los pobladores decían que hacía frío y que el mar estaba bastante picado, de hecho, habían muy pocas personas en el agua. Pese a mi insistencia por el mal clima, Francisco se sumergió con gusto en el mar, sin comprender por qué nos quejábamos tanto.
Sólo ahora en Chile yo lo entendía. ¡Qué decir de la noche! Agradecí el consejo de llevar ropa abrigada y me arrepentí de no haber empacado una chompa extra. Al día siguiente, el clima resultó exactamente igual, por lo que fui preparada con un suéter, pantalones y la única intención de disfrutar el paisaje. Definitivamente aquella experiencia me resultó completamente diferente, nueva y divertida, sobre todo para Francisco. Prometí nunca más quejarme del clima en las playas ecuatorianas, porque aunque digan que hay días fríos, creo que jamás llegarán a las condiciones climáticas de aquel fin de semana en Chile.
Más allá de las diferencias del clima, también rescato algunos detalles que son dignos de reconocer y replicar. Durante aquel fin de semana me percaté que no habían basureros y a pesar de ello la playa se encontraba sumamente limpia. La gente estaba consciente de no ensuciar aquel lugar, cualquier desecho que generara se lo llevaba consigo. Mi sorpresa se hizo evidente, por lo que Francisco me supo explicar que no siempre fue así, de hecho 20 años atrás las playas solían ser un desastre y la basura abundaba. Sin embargo, el gobierno nacional y local, emprendieron intensas campañas de concientización en donde se ponía en evidencia que el tirar basura era sinónimo de poca cultura y digno de vergüenza. Fue tal el impacto de aquellos constantes mensajes, que hoy en día es mal visto quien no se hace responsable de sus desechos en la playa. Sin duda, llegar a este punto fue consecuencia de tiempo, constancia y mensajes de impacto.
Por otro lado, en ningún negocio se ofrecían bebidas alcohólicas y si bien los turistas llevaban bebidas de este tipo por su cuenta era con mesura, durante aquellos dos días no llegué a ver ningún exceso. A ello se sumaba la presencia de un buen número de salvavidas, siempre pendientes en el control de las playas y la atención a cualquier novedad.
En definitiva, aquel fin de semana a pesar de la extrema diferencia del clima con las playas ecuatorianas, que por cierto extraño profundamente y espero con ansias visitarlas de nuevo. Me quedo con la grata experiencia de constatar que los cambios positivos en pro de la naturaleza y el turismo sí son posibles; y con la esperanza de que este tipo de ejemplos se repliquen en otras playas.(O)