En la legislación social ecuatoriana encontramos que se determina la vejez mediante la vigencia de leyes, tal el caso de la Ley de la denominada Tercera Edad, que señala que un hombre o mujer entran a gozar de las “bondades” de esta ley al cumplir 65 años de edad; mientras que, para la seguridad social, un afiliado hombre o mujer son viejos y por tanto tienen derecho a jubilarse “por vejez“ al cumplir 60 años de edad y 30 años de aportaciones al sistema.
La vejez que es un hecho natural y tiene relación con los años vividos, muchas veces aparece como una amenaza para ciertos expertos en economía global, muchos la consideran una etapa oscura a la que se niegan rebasar, porque con ella llegan las enfermedades y en general el deterioro de la salud, frente a un valor superior que la sociedad mundial ha entregado a la “juventud”.
La vanidad ha ganado terreno en la población mundial y ha convertido a la juventud en un gran negocio en el cual las grandes corporaciones buscan producir elementos que prolonguen el paso del tiempo y alarguen la etapa de juventud, buscan vencer el paso del tiempo declarándole una guerra que pretende detenerla, porque la vejez en el mundo actual es mal vista, por ello es que el gran negocio es producir productos que prolonguen la etapa de juventud aun a riesgo de que en este cometido se produzcan enfermedades o la muerte de quienes tienen la posibilidad económica de adquirir estos productos.
En nuestro imaginario posiblemente pensamos como prolongar nuestra vida, porque estamos ciertos de que nos acercamos al momento de morir y es obvio pensar así, porque el envejecimiento –siendo un hecho normal y natural- constituye la mayor causa de muerte de los seres humanos de acuerdo a datos establecidos por la Organización Mundial de la Salud –OMS-. Sin embargo, esta no debe ser la razón -más fuerte- para que las sociedades dejen de nutrirse de la gran capacidad intelectual y experiencia de quienes llegan por Ley a la vejez, y busquen en los jóvenes que siguen el ciclo vital, la posibilidad de mantener o mejorar la administración de sus estados; mientras las grandes empresas de productos médicos siguen investigando y buscando fórmulas para detener la vejez. No olvidemos que en estos primeros 22 años del tercer milenio subsisten sociedades en el mundo que tienen un estigma sobre la edad. En Ecuador se hace casi imposible conseguir trabajo cuando comienzas a pasar los 40 años de edad. Llegar a la vejez por Ley, estar entre los 60 y 65 años de edad supone características y experiencias distintas a lo que era en el siglo anterior, por ello es que el negocio de la eterna juventud esta viento en popa, mientras en sociedades como la ecuatoriana los programas socio-económicos no coinciden con este angustiante retrasar del tiempo, no hay suficiente espacio para la preparación y experiencia, frente al retraso del tiempo como negocio.
Quienes tienen posibilidades económicas acuden permanentemente a chequeos médicos exhaustivos, llenan los gimnasios, consumen productos afines y obviamente los resultados son positivos, el galeno les indica que su estado de salud corresponde a una persona de menor edad y esto entusiasma al paciente en la búsqueda de más formulas y productos que extiendan la juventud. Dicen los expertos que vivimos un mundo en el cual nos robamos los años vividos, así los cuarentones parecen de treinta; los cincuentones parecen de cuarenta; los de sesenta de cincuenta y así sucesivamente. Hasta hace poco la juventud se la consideraba una etapa de transición o de paso hacia la vejez, era la etapa de la preparación y la búsqueda de experiencia, la etapa de formación de una familia propia, la etapa hacia la adultez.
Concluyo, los legisladores tienen entre sus proyectos de reformas a la Ley de Seguridad Social equiparar la vejez señalada en la Ley de la Tercera Edad (65 años), con la que consta en la Ley de Seguridad Social a los 60 años. Esta vejez decretada por ley para los ecuatorianos y otras reformas a la seguridad social, no tendrán efecto alguno si el Estado no paga su abultada deuda con el IESS. Saludo reverente a todos quienes dejaron su juventud en pro de mejores días para la patria, mientras las grandes empresas transnacionales nos sigan vendiendo la eterna juventud y la seguridad social sea desatendido por los gobiernos a su turno. (O)