Con la muerte en la Penitenciaría de Guayaquil del israelí vinculado a escándalos de corrupción, que supuestamente conectan con el caso de los hermanos Bucaram, queda en la atmósfera un claro malestar, pues en el ámbito político de este país, siguen funcionando fuertes mafias, que se encuentran enquistadas en las diferentes instituciones públicas ecuatorianas.   

El tema de la corrupción en el Ecuador, más parece esos tornillos sin fin, en donde nunca se llega a saber dónde se encuentra el principio, ni el final, está claro que seguimos rodeados, inundados de estas malas prácticas que, durante la última década, se agravaron de manera acelerada, el robo y la estafa se convirtieron en actos, casi, casi normales, el mismo expresidente desconoció varios compromisos que adquirió, de una manera descarada, compromisos que solamente sirvieron para tapar la mitad, o menos, de los enormes huecos de hurto que, dejó su administración.   Hoy tratar de recuperar la ética y la moral nacional, parece misión imposible, ni bien sale a la luz algún caso de corrupción, con la misma viada aparece otro peor. Desde que recuperamos la libertad de expresión en este país, ya hace mas de tres años, no han parado de salir a la luz pública, escándalos que nos condenan a vivir en la inestabilidad, pero, sobre todo, en el desprestigio, hacen ver a Ecuador como uno de los países más podridos de la región.(O)