Hace 3 años cuando cumplí mis 30, tuve la oportunidad de celebrarlos en Mendoza Argentina, una hermosa ciudad de la pampa, cercana a la frontera con Chile y dotada de un encanto único, muy parecida a Latacunga y que se vanagloria por ser la segunda ciudad más verde del continente.

            Lo curioso de aquello es que Mendoza (la Mendoza capital), está en medio de una zona desértica, donde cada gota de agua es invaluable, llueve poco y el sol en época de verano (justo cuando fui) hace que la temperatura oscile fácilmente los 35 grados, al ser seca literalmente arde y aún el viento quema.

            ¿Cómo entonces una ciudad de esas características puede ser la segunda más verde del continente? Sencillo, con Planificación Urbana; Mendoza como Latacunga fue víctima de desastres naturales en la segunda mitad del siglo XIX, Mendoza el terremoto de 1861 y Latacunga la erupción del Cotopaxi en 1877, ambas ciudades sucumbieron ante la fuerza de la Tierra y se levantaron, pero la forma de hacerlo fue distinta.

            Mendoza hizo un pacto, del que hoy se sienten orgullosos los mendocinos y lo cuentan a todos los turistas que van, cada cuatro manzanas de edificios, casas o instituciones públicas, DEBE HABER UN PARQUE, las veredas tienen que ser amplias y por todas ellas el sistema de alcantarillado pluvial es visible ¿por qué tienen que ser amplias las veredas? Porque casi todas tienen árboles que ayudan a mantener la temperatura y permitir que los peatones las transiten sin inconveniente y además porque esos mismos árboles facilitan que el ciclo del agua continúe sin problema.

            Además, Mendoza asciende hacia “el San Martín” un parque bellísimo que en lo más alto de la ciudad la cuida, sirve de mirador, punto de encuentro de sus habitantes y claro pulmón natural, algo así como mirar al Putzalahua y encontrar el Teleférico, digo, un maravilloso destino ecológico.

            “Espero no solo estar presente en la primera piedra sino en la última también” fueron las expresiones del presidente de uno de los barrios de nuestra ciudad hace unas semanas cuando se empezaba a trabajar en el parque lineal de Nintinnacazo, una bellísima obra que aplaudo y anhelo llegue a su culminación y que debe marcar el inicio del reverdecer de Latacunga, donde se CREEN más parques y no solo se repotencien los actuales, en donde las casi 80 hectáreas de Tilipulo finalmente sean convertidas en un parque en armonía con su topografía y destino, donde la entrada norte de la ciudad en la Melchor de Benavides tenga su parque lineal porque también es Latacunga, donde el espacio comunal denominado “El Ejido” al norte del Coloso de “La Cocha” igualmente sea puesto al servicio de los latacungueños para su recreación, pero sobre todo para su salud.

            Hacer verde a Latacunga tiene que ser un compromiso de todos, particularmente de las autoridades locales, no rumbo a la reelección en el 23, sino rumbo a la Latacunga con la que soñamos y que nos merecemos en el 2030. (O)