Nuestra endeble democracia tiene 42 años de haber retornado a las urnas para elegir mandatarios que “sacrifiquen” su existencia y dediquen toda su energía a gestionar la cosa pública, ejecutando la voluntad de sus mandantes. Así se sintetiza la teoría política, condensada en la Constitución “Papista” que pretende resolver los males que aquejan a los ecuatorianos, creando falsas expectativas al “garantizar” todos los derechos imaginables. La demagogia en su más pura esencia se consagró con la complicidad del pueblo, que ratificó esas promesas en referéndum. “Yo te ofrezco, busca quien te dé” dice un viejo adagio popular.

Catorce años más tarde, seguimos esperando que tanta maravilla estampada en la Carta Magna se concrete. Penosamente, la realidad está cada vez más distante de las promesas que nos vendieron. Los grupos de presión, especialmente los más organizados, como los sindicatos, los maestros, el sector de la salud, el sector indígena, los jubilados, entre muchos otros, exigen el cumplimiento de sus derechos, con la ley en la mano. El Mandatario de turno, arrinconado por la inexistencia de los recursos que debieron asignarse para cumplir con los ofrecimientos, debe poner el pecho a las balas.

El populismo y la demagogia son los peores enemigos de la democracia. La culpa la tienen, no solamente los demagogos que desde un balcón (ahora virtual) la debilitan, sino los votantes que se dejan engañar, atraídos por falsas promesas. Inconscientemente, parecería que el elector pone en subasta, al mejor postor, su voto. Con todo desparpajo, los “compradores” deambulan por las calles ofreciendo bambalinas y prometiendo el Sol y las estrellas. Las campañas se tornan en concursos de oratoria, de quien da más, sin límite, que desembocan en elección de ilustres magos del engaño.

El fruto de este ejercicio de populismo se puede observar en la Asamblea Nacional. La atomización de fuerzas deriva de la manipulación de la clase política, para favorecer sus intereses. Llevar al pueblo a las urnas cada dos años, votar por asambleístas en primera vuelta, cambiar el método de asignación de escaños, son todos tramados por la dirigencia de los partidos, a espaldas del electorado. Por consecuencia, no debe extrañar el nefasto resultado electoral, que lleva a 137 individuos desconocidos, a legislar y fiscalizar, que en muchos casos, no tienen la preparación para asumir con responsabilidad las funciones que corresponden.

No cabe entonces sorprenderse de los actos dolosos que salen a flote, con motivo de desencuentros a la hora de buscar los votos necesarios para detener o aprobar un proyecto de ley, según el cálculo individual o partidista, muy alejado de los intereses del país. Es evidente que siempre prima el cálculo político, alejado de principios y valores, que son recuerdos del pasado. Más grave aún, observar el comportamiento de las “bancadas” que haciendo valer el espíritu de cuerpo se alinean en defensa de sus compañeritos, señalados con nombre y apellido, descartando de plano el iniciar la investigación interna para determinar de manera imparcial la existencia o no, del cometimiento del supuesto ilícito. Se atrincheran para cobijar al presunto infractor y enfilan sus armas letales, políticamente, para infringir daño a quien ha osado en manchar su imagen. Como resultado de estas escaramuzas politiqueras, el país sigue en espera de la ansiada reactivación económica, que cada día está más lejana.         

Desde la participación ciudadana, demandamos poner un alto a esta forma de hacer política. Exigimos un mínimo grado de sensatez de los partidos políticos para que trabajen en un terreno neutral buscando los puntos de convergencia, hagan un saneamiento de sus filas y construyan soluciones para sacar adelante al Ecuador.

¡BASTA DE AVERGONZARNOS!