El Presidente Guillermo Lasso cumplió el primer año del período presidencial y presentó su informe de gestión al pueblo ecuatoriano que le eligió. En esencia, dice haber puesto la casa en orden, y estar preparado para emprender grandes cambios, largamente esperados por todos. Desde la ciudadanía, analizamos con objetividad lo que ha ocurrido y lo que podemos esperar.
Ecuador es un pequeño país ubicado estratégicamente en el Océano Pacífico, lo que le garantiza varias ventajas con relación a otros países de la región, tanto en factores climáticos, como corrientes marinas, riqueza ictiológica, cercanía a los mejores mercados, grandes reservas de metales preciados, recursos hidrocarburíferos, tierras fértiles en zonas tropicales, sub tropicales y de altura, riqueza cultural multiétnica, habitado por seres trabajadores que demuestran vocación para labrar la tierra y muchas habilidades manuales. Se suman factores naturales de gran valía como la energía solar, eólica, hidráulica, volcánica y un entorno natural maravilloso que aloja fauna y flora única.
Volteando la mirada hacia los últimos 42 años de vida republicana, podemos apreciar nuestra evolución económica. Rápidamente, podremos concluir que somos altamente dependientes del oro negro, que nos cambió el rumbo, para bien o para mal, sin que hayamos logrado cambios estructurales que desarrollen otros sectores altamente potenciales, sostenibles y sustentables. La clase política se “sacrificó” desde el retorno a la democracia, para dirigir el país y administrar a su antojo los recursos que el petróleo nos trajo. Es necesario recordar que los altibajos en el precio del crudo, no dependen en absoluto de la voluntad de nuestros gobernantes. Sin embargo, sus fluctuaciones inciden de manera directa sobre nuestra cotidianidad.
Ecuador es una pequeña hoja que surca los mares a la deriva, sin que pueda evitar la influencia de los mercados globalizados, como el petróleo. Por tanto, las mejores épocas las hemos vivido precisamente con los precios altos de hidrocarburos, y viceversa. Algo similar ocurre con los costos financieros globalizados, agravados por el riesgo país que representa un encarecimiento del dinero para nuestro país. En la actualidad estamos recibiendo el impacto de la invasión rusa a Ucrania, traducido en desabastecimiento y encarecimiento de fertilizantes, trigo, aceite y otros “commodities”.
Con este preámbulo, podemos apreciar que la suerte que corra un pequeño país como el nuestro, dependerá mayoritariamente de los factores externos que pueden serle favorables o no, independientemente de la ideología o voluntad de sus gobernantes. Ciertamente que la gestión local puede determinar un mejor o peor desempeño dentro de ese entorno económico mundial. Caso evidente es la pandemia, que detuvo el crecimiento de todos los países, sin perjuicio de que cada uno enfrentara los desafíos a su manera.
Lasso ha puesto las cuentas nacionales en orden, sobre lo cual puede implementar un programa de reactivación económica que todos los sectores necesitamos. La gran acumulación de cuentas impagas, fruto de la demagogia del SS XXI, sumado a la inexistencia de “fonditos” de reserva que todo país debe tener y una enorme deuda pública que ha debido ser reprogramada, no le ha permitido aportar la inversión pública que dinamizaría la generación de empleo. Hemos sido informados que todo está listo para implementar las tan anheladas obras de infraestructura, sin sobre precios, con inversión privada, bien planificadas y atendiendo las verdaderas necesidades del sector productivo.
Las condiciones externas son muy favorables para Ecuador. Los socios comerciales, políticos y entidades multilaterales de desarrollo, nos han abierto sus puertas para contribuir en la tarea. Tenemos “viento de popa” como dicen los amantes de los mares, para surcar las aguas del mundo en busca de puerto seguro. Solo falta que TODOS rememos en la misma dirección.
¡SUERTE CAPITÁN! (O)