Apenas empezábamos a tener la sensación de estar ganando la batalla contra el virus que puso en jaque al Mundo, cuando despertamos con la amenaza del autoritario Presidente Ruso, Vladimir Putin, de no permitir que su vecina Ucrania, otrora hermana República en la extinta URSS, disfrute de libertad. Las tropas rusas tomaron posición en la zona fronteriza, anunciando que se limitarían a realizar ejercicios militares, negando la advertencia que los Estados Unidos de Norte América hicieron al mundo, sobre una inminente invasión. La tensión fue subiendo, hasta que llegó el día en que misiles soviéticos penetraron el espacio aéreo Ucraniano y bombardearon ubicaciones estratégicas, mientras Moscú insistía en sus intenciones de “proteger” a los rebeldes, afines al gran hermano, en las provincias colindantes, frente a los atropellos que el “gobierno de drogadictos” supuestamente, les causaba.
La invasión ha continuado y escala día tras día, haciendo una demostración de fuerza descomunal, amedrentando a sus habitantes y fuerzas armadas, quienes han demostrado gran valentía para enfrentar al enemigo, poniendo literalmente “el pecho a las balas” en defensa de su libertad. Mientras que los países europeos, Estados Unidos, Canadá y muchos otros, han demandado un alto a la invasión. La OTAN ha cerrado filas y en una decisión histórica, ha adoptado sanciones económicas que buscan aislar al agresor, impidiendo transacciones financieras en Euros y U.S. Dólares. Las medidas se han extendido para bloquear el tráfico marítimo y aéreo. La severidad de estas medidas ha hecho efecto en el comercio exterior y la economía rusa, de inmediato.
Por el lado del causante, se han producido efectos negativos sobre la Bolsa de Valores, que permanece cerrada por varios días. La moneda ha sufrido una devaluación del orden de 13 %, que perjudica al ciudadano común, encareciendo los bienes de consumo. Mientras que el bloqueo financiero, de transporte aéreo y marítimo, tendrá repercusiones inmediatas, causando desabastecimiento de productos terminados, bienes intermedios, bienes de capital, tecnología y servicios importados. Por todo lo cual, a pesar de los intentos del Zar de justificar estos actos en la “seguridad nacional” que asegura peligra por la intención de Ucrania de formar parte de la OTAN, todo apunta a que el pueblo Ruso está reaccionando en contra del ataque.
La economía debilitada de su país no parece estar en condiciones de soportar el costo de una guerra.
Los efectos que se pueden advertir hacia el resto del mundo y nuestro país en particular, son alarmantes. Europa depende del gas y petróleo Ruso, especialmente. La paralización del comercio tiene dimensiones inimaginables. Ecuador maneja un intercambio comercial cercano a dos mil millones de dólares, exportando especialmente banano, camarón, flores, pesca fresca y café, siendo favorable a nuestro país. Ucrania también adquiere estos productos, y no podrán importarlos mientras persista la situación bélica. Los exportadores ecuatorianos tendrán serias dificultades para recuperar sus acreencias, causando iliquidez por tiempo indefinido.
Será necesario, paralelamente, colocar esa producción exportable en otros mercados, lo cual no es posible en corto plazo. En una palabra, todo este caos se puede definir como un escenario de “incertidumbre” pues no hay manera de determinar el tiempo que puede tomar el restablecimiento de las condiciones existentes antes de la ofensiva.
Los efectos del conflicto y las sanciones adoptadas por los aliados del agredido, son impredecibles. Situación que se agrava por las amenazas del Ministro de Relaciones Exteriores Ruso que advierte de la posible retaliación a estas medidas con el uso de armas nucleares. Solo nos queda tener fe en que la escuálida mesa de negociaciones se active y sean capaces de encontrar la manera de detener el ataque.
¡NECESITAMOS RECONSTRUIR LA PAZ! (O)