Nuestro país, penosamente para su gente, vive en constante sobresalto, debido a las consabidas broncas políticas, delincuencia cada vez más violenta, “vacunas” impuestas a los negocios, candidatos para las elecciones seccionales que asustan, juicios políticos, anuncio de consulta, “chambonadas” y meteduras de pata gubernamentales, fiscales y jueces vendidos, situación calamitosa del IESS, etc. También impacta en la sensibilidad de la ciudadanía, la falta de trabajo para los jóvenes, muchos de ellos -los que pueden-, buscan su futuro en otros países.

Como si todo lo anterior fuera poco, se suman las manifestaciones de inconformidad de los dirigentes indígenas, por la falta de avances en las mesas de diálogo, instaladas luego del paro de junio pasado, que tanto daño causó a la capital y al país. A partir de esta movilización, el riesgo país no deja de subir (está ya en 1.565 puntos). Lo mencionado, gracias al señor Iza y sus huestes, manejadas y engañadas por los innombrables politiqueros iluminados y melancólicos, quienes, durante 10 años, nos endeudaron salvajemente con préstamos caros, de chulco, para contratar obras mal hechas, con sobreprecio y otras inconclusas. 

La prensa menciona la creciente tensión entre el gobierno y las organizaciones indígenas, así como reclamos y advertencias de este sector, antes de que concluya el plazo de 90 días fijado para las conversaciones. Como se recordará, para dar por terminadas las acciones del paro -muchas de ellas delincuenciales-, el gobierno y la dirigencia indígena firmaron un acta, estableciendo las pretensiones, constituyendo 10 mesas de diálogo para ser tratadas, con la asistencia y apoyo de la Conferencia Episcopal, en calidad de mediadora. 

Como corresponde actuar en una mesa de negociación, las partes deben estar ciertas y convencidas de que, para acercar posiciones, tiene que existir el ánimo de ceder, de conciliar aspiraciones. Pero también tener debidamente en cuenta que existen cuestiones que, por imposible de cumplirse, tienen que ser desechadas, ya por impracticables e ilegales ya por absurdas. Por ejemplo, querer fijar precios a todo tipo de insumo o producto, sin considerar que existen variables, muchas de ellas exógenas, que no se pueden controlar, resulta un contrasentido.

Voltaire dijo que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Como el papel aguanta todo, puede acordarse -demagógicamente hablando- cualquier cosa, pero todos sabemos que en la práctica no necesariamente se cumple, precisamente por inconsultos los ofrecimientos. No es dable qué, si la dirigencia indígena no obtiene todo lo que quiere, se diga que los diálogos han sido infructuosos. No es así. Creo que toda conversación es buena, fructífera, en la medida que se realice de buena fe, con las cartas sobre la mesa, sin intencionalidades políticas ocultas. 

El diálogo permite, además, conocer en esencia las posiciones de las partes en conflicto. Ubicarse en los zapatos del contrario, ayuda a comprenderse y ayuda a construir un buen acuerdo.  Esto es lo ideal. Más, la intransigencia, la tozudez y peor la amenaza, no ayudan a la ansiada solución de los problemas. Hubo voces de los líderes de la CONAIE y la FEINE que se anticiparon en expresar que no existe voluntad para atender sus pedidos, y considerar el retiro de la mesa de negociaciones, incluso antes de que se cumpla el plazo acordado.

Sería un imperdonable error si así procedieren, puesto que se desaprovecharía el único camino en democracia que es el dialogo abierto, para pacificar al país, abrir un camino de concordia en la búsqueda de mejorar las condiciones de vida del campesino, aunque nos queda la duda de querer realmente llegar a puntos de coincidencia, debido a que el plan “estallido” es asiduo a conflictuar, y si es de manera violenta mejor. No perdamos la esperanza de que sabrán actuar pensando en la gente que dicen representar y no en sus propios intereses. (O)