Se volvió el pan de cada día, la violencia impera en todo el territorio nacional y el caso de Cotopaxi no es la excepción. La situación ha llegado a tal nivel que ahora se registran tiroteos en plena vía pública, especialmente al lado de centros de tolerancia.

Las autoridades de control realizan operativos, pero se ven sobrepasadas por el nivel del gran desarrollo de la criminalidad que crece día a día de la mano de la pobreza y el desempleo. En más de una ocasión se ha manifestado que la situación socioeconómica del país es el caldo de cultivo ideal para fomentar la criminalidad y la práctica de actividades irregulares, especialmente del narcotráfico.

Por otro lado, duele que la descomposición social llegue a niveles tan bajos que so pretexto de la necesidad, los mismos progenitores o tutores de infantes del entreguen para ser objetos de turismo sexual, una verdadera aberración, que ya es realidad en la costa ecuatoriana.

Parecería que todos los esfuerzos de las fuerzas del orden son pocos frente a  esta marea que amenaza con hacer tambalear a los cimientos mismo de una convivencia civilizada. Como sociedad no podemos ceder frente al mal que trata de imponerse en medio de la impunidad.