Alan Cathey

El día domingo se cumplió la segunda vuelta electoral en Colombia, entre Gustavo Petro, y Rodolfo Hernández. Petro había obtenido el 40 % de los sufragios, lejos de su objetivo de ganar en primera vuelta, y Hernández había logrado el 28 %, como outsider de la política tradicional. En primera vuelta, tercero fue Federico Gutiérrez, candidato del gobierno, con el 24 %. Era previsible suponer que al voto de Hernández se sumaría, por su resistencia a Petro, para una cómoda victoria.

Durante la campaña para segunda vuelta, esa aparente victoria diluyó, por los aciertos de Petro, tendiendo puentes con diversas fuerzas políticas, mientras su contendor, encerrado en su papel de outsider anti político, rechazaba siquiera hablar con quienes buscaron apoyarlo. Mientras Petro moderaba su discurso y aseguraba que sus pasados devaneos guerrilleros y chavistas habían quedado atrás, que sus actuales posturas correspondían a una social democracia, y que nada debían temer los empresarios de su gobierno, Hernández se

 refugiaba en la incoherencia, en un populismo efectista y vacío, donde su pasado fue hábilmente resucitado por sus rivales, caricaturizándolo con su propia colaboración. Ya en la primera semana de campaña, sus declaraciones se volvieron su peor enemigo. Quienes manejaban su campaña resolvieron callarlo, como estrategia para evitar nuevas gaffes. Increíblemente, a puertas de los comicios, Hernández voló a Miami, por unas supuestas amenazas de muerte.

Resulta difícil, aún en este mundo digital, conducir una campaña con un candidato ausente, además de mudo.

Varias circunstancias incidieron para la victoria de Petro y quizás lo más importante, en números, sería la incorporación de nuevos electores en segunda vuelta, de casi un 5% sobre la primera, justamente en las áreas de mayor presencia petrista, las costas del Pacífico y Atlántico y Bogotá. Prácticamente todo ese caudal de votos se lo lleva Petro, al ser él quien los moviliza y motiva. Al variar el universo electoral, la ventaja del candidato Hernández se reduce de 10 puntos, a algo menos de 5. La pregunta es ¿cómo pierde adicionalmente 8 puntos, para terminar 3 % por detrás de Petro?

Al desencanto por su campaña, que seguro le restó muchos votos, se agrega su negativa a debatir, para que la ciudadanía evaluara a los aspirantes al más importante cargo de la República, y la preparación de cada uno.

Se puede presumir que la certeza en los votos de Gutiérrez, fue sólo parcial, y no pasó del 20 %, lo que explica la baja del 4 % de Hernández, pero que evidencia otra realidad, que el crecimiento numérico de los electores en segunda vuelta no fue del 5 %, sino que fue de al menos el 9 %, que abrumadoramente se decantaron por Petro. Ese 9 % significa casi 2 millones de votos. Considerando que Petro aumenta su votación en 1,7 millones, vemos que las cifras empiezan a cuadrar. Mientras Petro sube de manera importante, Hernández cae esos 4 puntos, que lo dejan en el 47 % del voto ante el 50 % de Petro.

El ganador enfrenta un escenario complejo, pues enfrenta la circunstancia de no controlar ninguna cámara del legislativo, lo cual lo obliga a establecer diálogos y alianzas con otras fuerzas políticas, no precisamente alineadas con su proyecto. Los apoyos que recabe significarán concesiones, así como límites a las propias opciones.

Para alguien como Petro, que, según buena parte del gabinete de cuando fue alcalde de Bogotá, es voluntarista y autoritario, hostil a cualquier divergencia de criterios, sujetarse a promesas y acuerdos, puede resultarle muy difícil. Ése podría ser el principal riesgo para la institucionalidad del país, dentro de los márgenes democráticos. La tentación autoritaria, siempre presente en el populismo, podría manifestarse a través del manido recurso de la Asamblea Constituyente, para refundar un país a su medida, saltándose las reglas establecidas en la Constitución, la Ley, y las instituciones republicanas.

Colombia deberá estar atenta ante esas veleidades que, en lares cercanos, han dado lugar a muy mal disimuladas dictaduras.

La coyuntura económica actual no es favorable para la región, necesitada de importantes recursos para superar los impactos sufridos, por la pandemia primero, y por el conflicto ruso ucraniano, que genera una creciente incertidumbre económica, después. Los enormes recursos inyectados en las economías durante la pandemia, están generando una inflación creciente, con una elevación de las tasas de interés, que elevará el costo de unos créditos indispensables para la región y para Colombia.

Una recesión mundial es previsible, así como una significativa escasez alimentaria por la guerra en Ucrania, al caer dramáticamente la producción y suministro de trigo en el mundo, con el impacto consiguiente en los precios de los alimentos. Sólo una política económica seria y ordenada podrá enfrentar esos retos. Para Petro es urgente delinear y presentar un proyecto y un equipo económico de alto nivel, que tranquilice al empresariado a lo interno, y a los inversionistas externos, para estabilizar un mercado volátil, que, como ha sucedido en otros lugares, de no encontrar seguridades en un entorno nacional, busca otros destinos para sus capitales. Esa es una tarea urgente, que ojalá sea atendida pronto. Seguiremos comentando acerca de Colombia por la cercanía e importancia que para Ecuador tiene. (O)