Las calles de cantones con población mayoritariamente indígena, se alborotaron al grito de VIVA EL PARO, reviviendo páginas tristes de nuestra vida política. El estribillo es el mismo, mientras que los actores son una nueva generación, fuertemente influenciada por la cuarta revolución industrial que se caracteriza por la informática. La conectividad permite que adapten sus anhelos y frustraciones a lo que ocurre con su generación en todo el planeta. Aspiraciones y proclamas que se vuelven virales y se imponen a manera de moda.

Apenas han transcurrido cinco meses de mandato del presidente Lasso, cuando las proclamas y demandas de solución a problemas estructurales afloran, pretendiendo el mismo tipo de soluciones demagógicas que se han dado cada vez que sube la presión en las calles, ahondando los problemas y dejando las soluciones de fondo para el siguiente gobernante. El disgusto de haber fracasado en el intento de acceder al poder, les une a quienes aparecen como defensores de los derechos de los pobres, haciendo un cínico ejercicio de amnesia sobre la responsabilidad que llevan sobre sus espaldas por los graves errores y actos reñidos con la ley, cometidos en ejercicio del poder.

El denominador común que une a la oposición, es el deseo de que a Lasso no le vaya bien.  El pueblo no solamente escogió a un personaje que no pertenece a la clase política populista que, arropada de la falsa bandera de izquierda, ha inventado una ideología basada en el engaño, destruyendo las débiles estructuras partidistas y referentes de la sociedad, para imponer un modelo autoritario, corrupto, inviable económicamente, que pretende controlar todo desde el poder y utilizarlo por décadas. Ecuador escogió un nuevo modelo de desarrollo, basado en la inversión privada, donde el Estado cumpla eficientemente su rol y construya un ambiente atractivo para dicha inversión, y ponga las bases para un crecimiento sostenible en el tiempo. Malas noticias para los populistas.

La mayoría de asambleístas tiene interés en recuperar el modelo centralista que fue desechado democráticamente. Añoran ser parte de un Estado paternalista que le diga sí a todas las demandas por beneficios, que surgen de grupos de presión. Parecería que solamente aquellos colectivos con capacidad de calentar las calles tienen el derecho a ser beneficiados por Papá Estado, que no tiene ojos para una clase mayoritaria que no tiene nada. Es así como ha cuidado de todos los compatriotas que son propietarios de un vehículo, asumiendo buena parte del costo de los combustibles, tomando recursos que deberían destinarse a atender las necesidades básicas en salud, educación y seguridad.

Los discursos de barricada que desempolvan, casualmente, los nuevos aspirantes a heredar el poder de falsos caudillos que han usufructuado del dolor popular para vivir holgadamente, siguen hablando de problemas y soluciones que se dieron hace un siglo. No está en su interés actualizar el diagnóstico y mucho peor proponer soluciones que sean sostenibles, dejando de lado el asalto a la Caja Fiscal para satisfacer las demandas ilimitadas de la población. Tenemos 49 años de petroleros, despilfarrando los recursos y empeorando el nivel de vida de las mayorías. Cambiar el modelo económico es el fondo de lo que estamos viviendo y la razón del divorcio del poder legislativo con el ejecutivo.

La diferencia entre aplicar una pócima para el dolor o encontrar el remedio para la enfermedad, es lo que estamos presenciando. Vivir engañados nos llevará a los mismos resultados. Estamos en el punto de quiebre de las viejas estructuras. Necesitamos poner las bases para un nuevo futuro. Si el pueblo calienta las calles para enterrar el pasado, me uno al grito de ¡VIVA EL PARO!