Entre las causas aceptables y reconocidas por los expertos, que provocaron la crisis social, política, y, sobre todo, económica del país, fue la de considerar casi exclusivamente al Estado, como motor de desarrollo, principal empleador y generador de riqueza. Esto devino en despilfarro de recursos, crecimiento espantoso de la burocracia, causado, además, por la creación insensata de ministerios, viceministerios, secretarías, agencias, empresas EPs, sin ningún análisis serio y responsable.

Era la justificación perfecta que requerían para crear más y más burocracia, y ubicar en la administración pública a partidarios, simpatizantes y agitadores de profesión, que por supuesto pasaban por el curioso sistema de “meritocracia”. Todos los políticos, ubicados en la vereda de la oposición, o en época de campaña, reconocen que tenemos un estado obeso, desproporcionado, y abogan por su achicamiento; luego, en ejercicio del poder, provocan aún más su agrandamiento, al colocar como empleados a sus propias y ruidosas “huestes”.

El buen juicio -y el sentido común-, debe primar y hacer reflexionar al próximo gobierno. Es mandatorio un cambio de rumbo, un giro de ciento ochenta grados en la ruta por la que debe transitar el Ecuador, de cara a enfrentar el futuro por lo demás complicado e incierto. De ahí que robustecer la empresa privada es lo requerido; volver los ojos al campo, lo racional; achicar el tamaño del estado, la imperiosa urgencia; ocuparse por la salud, educación y seguridad, lo justificable e imprescindible.

Emprender en la reforma tributaria integral es mandatorio, para eliminar los impuestos que provocan distorsiones en la economía. La deuda pendiente con el IESS tiene que ser saldada, so pena que entre en una tenebrosa etapa terminal que haga peligrar el efectivo cumplimiento de las prestaciones sociales, incluyendo las pensiones de los jubilados. Le quitaron, a manera de asalto, millonarios recursos como si éstos fueran o pertenecieran al gobierno. ¡No, señores, son de los afiliados!

Para que se recupere el aparato productivo, el empresario requiere seguridad jurídica para invertir, procurando al propio tiempo una reforma laboral integral, moderna y justa, entendida como aquella que genere empleo digno para el trabajador, y garantía al empresario para contratar sin perversas ataduras. Volver los ojos al campo, es una tarea pendiente puesto que la agricultura es la verdadera vocación del Ecuador, por todos los beneficios que importa.

La reducción del tamaño del Estado, siendo una imperiosa necesidad, tiene que hacerse al inicio mismo del gobierno venidero, sin pensar en que su popularidad pueda verse afectada.  Cabe recordar lo que Otto von Bismarck, político alemán, sentenciaba: “El político piensa en la próxima elección; el estadista en la próxima generación”.

Ojalá el presidente, que asuma su mandato el 24 de mayo de 2021, ejerza el papel que la patria y su futuro requiere, es decir, tiene que actuar como verdadero estadista. Esa es la consigna.(O)