Por razones laborales hace un par de semanas estuve en el sur del país y visité las tres capitales de las provincias australes: Azogues, Cuenca y Loja, hacerlo me permitió recorrer sus calles, turistear un poco, ir  miradores y evaluar ¿qué pasa con el centro de las ciudades?

         Y es que la “obrera del sur” (Azogues), “la Atenas del Ecuador” (Cuenca) y “la castellana ciudad” otrora limpia, arreglada y bella Loja comparten una realidad que está replicándose en muchísimas de las capitales del país, la gente está abandonado el centro como lugar residencial y es el sector comercial que lo va asimilando para sí.

         Por ejemplo, hace tiempo que la “Carita de Dios” no tiene nuevos proyectos residenciales en el centro histórico, de hecho, los pocos que se han ido se van deshabitando y  cediendo espacio a hoteles, hostales y residenciales para extranjeros, mendigos y refugiados que prefieren “el centro” por ser tan bonito los primeros y más barato los segundos.

         Latacunga está pasando por un proceso similar, la venta y renta de viviendas en el centro es cada vez más difícil, la inversión se ha orientado a convertir las casonas antiguas en espacios de hospedaje, cafeterías, bares y locales, mientras que el desarrollo inmobiliario se ha movido a los polos de la urbanidad y su periferia, así, San Felipe ha recibido en los últimos años una ola de proyectos constructivos y hoy por hoy la parroquia Eloy Alfaro no solo que es la más poblada de Latacunga, sino que lo es de todo Cotopaxi.

         Locoa y Belisario Quevedo van por el mismo camino, Bellavista, El Niágara y las Bethlemitas también, eso revela que la “voluntad residencial” cada vez se aleja más del centro.

         Cuando Mauricio Rodas fue Alcalde de Quito, propuso retomar la vivienda residencial en el que es el centro histórico más grande de América y hacerlo a través de favorecer la instalación de las embajadas en él, de facilitar los proyectos de modernización urbana y de brindar condiciones para que la gente que viva en el centro pueda también trabajar en él, Rodas salió, Yunda entró, Yunda cayó, Guarderas asumió, Yunda volvió y no se ha hecho nada.

         Pero, ¿está mal que el centro ya no sea residencial y hoy sea comercial? No, no está mal, las ciudades son organismos vivos que se adaptan a las necesidades de sus habitantes y si la gente quiere salir del centro para vivir es perfecto, pero fomentando el desarrollo urbano, residencial y comercial, podríamos hacer que el centro de Latacunga vuelva a ser atractivo para vivir, trabajar y no congestionar el tráfico al mismo tiempo.

         Seguramente me dirá que estoy loco y en parte es así, ya ni modo, pero mire estimado lector hasta antes de la pandemia “trabajar desde casa” no estaba en nuestros planes, el virus nos confinó a nuestros hogares y no por eso dejamos de trabajar  y con esa misma experiencia deberíamos empezar a diseñar espacios en los cuales la gente viviendo en el centro pueda tener conexión remota a sus trabajos y ya no movilizarse a ellos y si tiene que hacerlo sea a pie o bicicleta sin problema.

Hace falta por ende que muchas empresas públicas y privadas adopten la metodología de apertura a sus empleados, para que puedan estar en un “miti-miti” teletrabajo-oficina, que les permitan desarrollar sus actividades en libertad y que entiendan que la productividad de un empleado no está orientada a que pase sentado en su puesto 8 horas de lunes a viernes porque si está feliz puede rendir lo mismo en menos y tener mejores resultados (obvio se sigue pagando el mismo sueldo).

Sueño con una Latacunga de coworkers ¿de qué? De loquitos que como yo, no tienen una gran oficina sino que se rodean de otros loquitos en espacios provistos de internet de alta velocidad, buen café, hermosamente pintados y que promueven la creatividad y hacen conexiones, trabajan y producen lo mismo o quizá más que alguien que está harto de las mismas paredes, la misma gente, los mismos esferos y el mismo asiento de hace 20 años, lograrlo volverá los ojos al centro.

Finalmente, disculpándome por lo largo de este editorial, es momento de intervenir el centro, darle seguridad, una manito de gato a las calles y veredas, hacer convenios para la pintura de las edificaciones, mantener armonía en la rotulación, facilitar la apertura de negocios y permitir que -conservando el toque tradicional de nuestra arquitectura- se hagan proyectos inmobiliarios residenciales dotados de espacios para el trabajo de la gente. ¡Ah! Modernizar los pagos y permitir hacerlos en entidades bancarias a través de medios electrónicos es también urgente, pilas con eso a los residentes temporales de la Sánchez de Orellana entre Ramírez Fita y General Maldonado.