La violencia  generada en el último paro tendrá consecuencias  de pronóstico reservado. Con el devenir de los días iremos constatando los resultados de este singular, despiadado  y desnaturalizado evento que duró largos y tormentosos 18 días. Los que lo torcieron aún más fueron los aprovechados y garroteros activistas del socialismo del Siglo XXI para conseguir los objetivos del castro-chavismo: minar las bases de la Democracia y del estado de Derecho. 

Mil disculpas por insistir en esto, pero es que a la mayoría de políticos no les interesa pronunciarse y comprometerse como  la sociedad exige. Ningún candidato apareció para decir algo en defensa de una sociedad secuestrada. Bien es sabido que el foro de Sao Paulo tiene metas y objetivos muy bien diseñados y financiados con inmensos y oscuros recursos económicos, mismos que están en curso, con sus ágiles operadores en varios países de América latina que lo cumplen a rajatabla y de manera planificada y vertical. 

De ahí que la marcha no fue del sector indígena y campesino solamente, sino también por los activistas y extremistas que responden a los sectores que pretenden minar la institucionalidad y derrocar al presidente; y así, al final, establecer un sistema político que termine con la libertad, la democracia y los valores de la sociedad ecuatoriana. Como han opinado muchos analistas, al gobierno no le tocó sino pagar el rescate: no había otra posibilidad, a menos que hubiese aplicado fuerte represión con las consecuencias que todos podemos imaginar. Y ese no era por supuesto el camino. 

Dentro de los 90 días pactados tendrán que cristalizarse los acuerdos alcanzados entre el gobierno y las organizaciones campesinas; la Conferencia Episcopal jugará un rol importante y protagónico para acercar posiciones, puesto que las diferencias son muy marcadas. La manifiesta tendencia de estas organizaciones a imponer y no negociar, es un obstáculo para llegar a puntos de coincidencia, sumado a la notoria falta de intereses comunes de las dirigencias exhibidos al momento mismo de suscribir el Acta. 

Muchas personas nos preguntamos: ¿cómo quitar el lógico resentimiento que generó la movilización a varios sectores?; ¿quiénes responderán por los destrozos causados?; ¿qué hacer para que vuelvan a creer en el país?; ¿cómo evitar que los jóvenes abandonen su tierra hacia otros países que ofrecen oportunidades? Nada de eso resuelve el acuerdo firmado. Nuestro Ecuador perdió vidas humanas; perdió económicamente, socialmente, institucionalmente; perdió en gobernabilidad, en credibilidad internacional. 

Si no se toman medidas condignas con la situación a fin de cohesionar al país, y el gobierno no se anticipa a evitar nuevos brotes que devenga en un nuevo paro de las características del reciente, corremos el riesgo de que en el Ecuador puedan aparecer cruentos enfrentamientos entre ecuatorianos. De lo que se ha informado –incluso por un alto dirigente indígena-, han sido identificadas varias organizaciones o células violentas que participaron en el paro. Las entidades de inteligencia del gobierno y de las fuerzas del orden tienen mucho trabajo por delante. Abriguemos la esperanza de que sabrán cumplir su misión constitucional y legal. (O)