Hemos procedido a elegir, este 11 de abril de 2021, al señor Guillermo Lasso Mendoza, Presidente de la República para los próximos cuatro años de mandato constitucional, que empezará el 24 de mayo venidero. Entonces es el momento de pasar de las ofertas de campaña exhibidas durante el proceso electoral, a la concreción de las mismas y ejercer en su momento un adecuado -y al mismo tiempo permanente-, control de su cumplimiento.

El país se encuentra en una situación económica ciertamente compleja, agravada por la pavorosa pandemia; los ingresos que recibe el estado por concepto de tributos no alcanza para atender los compromisos adquiridos con los organismos multilaterales de crédito y tampoco para proveer de vacunas a la gran población. Gran reto es el que tiene el nuevo gobierno.

Walter Spurrier, en su columna “Previsiones especulativas” (El Universo, del 6 de abril del 2021), ante la situación que vivimos, concluye que es urgente “vacunar lo más rápidamente posible, poner las finanzas públicas en orden, eliminar todas las trabas para que las empresas aumenten la competitividad, y estimular la inversión. Sin ello, no recuperaremos el empleo perdido”.

Frente a las ofertas de campaña y expectativas ciudadanas, se tendrá que priorizar acciones, teniendo presente que no puede eludirse las principales responsabilidades en salud, educación y seguridad. La gobernabilidad del país dependerá en grado sumo de los acuerdos que celebre con las fuerzas políticas representadas en la Asamblea, en vista de que no tiene mayoría sólida afín al nuevo gobierno. Difícil tarea – pero necesaria-para poner a andar la escuálida economía y concomitantemente posibilitar la generación de empleo.

Hubiera sido irresponsable escoger la otra opción y mantener un estado obeso, que exprime los recursos generados por los contribuyentes, impide que éstos sean invertidos en mejorar la condición de vida de la gente, socava la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros por la manifiesta corrupción que posibilita el esquema controlador, por la famosa “tramitología” a la que están sometidos, y, porque siga siendo el estado el gran empleador, en desmedro del sector privado. El cambio de rumbo en la conducción del país era mandatorio. 

No cabía insistir en esquemas fracasados, solo defendidos por los nostálgicos socialistas y populistas; todo lo contrario, hay que mirar al norte para que se nos garantice libertad en lo político y oportunidades en lo económico, que asegure los emprendimientos pequeños y grandes, con seguridad jurídica, estabilidad y garantía de las inversiones, a manera de escudos protectores. No de otra manera se puede conseguir avanzar, sin tener que afrontar luego consecuencias perniciosas en lo social.

En opinión de Axel Kaiser y Gloria Alvarez (“El engaño populista” – 7a Edición), luego de analizar amplia y detenidamente a los gobiernos socialistas extremistas que azotaron a varios países de la Región, concluyen, a manera de sentencia, que “para que el ciclo populista llegue a su fin y no regrese, es indispensable cambiar el sentido común prevaleciente entre las élites y la población para hacer de las ideas liberal-republicanas un patrimonio cultural común. Si ese trabajo no se realiza volveremos a caer en el engaño populista y sus desoladoras consecuencias una y otra vez”.

La lección del pasado domingo es un claro manifiesto por tener un gobierno que cumpla la ley, respete los derechos ciudadanos y apoye el libre emprendimiento de la gente, y sobre todo garantice la democracia, puesto que “sin democracia, la libertad es una quimera”, como diría Octavio Paz. La solución a los problemas acuciantes dependerá de la adopción de ciertas medidas de ajuste que han sido preteridas por conveniencia política y electoral. Es la hora del encuentro entre todos para posibilitar los anhelos y propósitos del nuevo Presidente de la República.(O)