El ciudadano ecuatoriano está viviendo una sicosis por la arremetida de la delincuencia. La históricamente conocida delincuencia “común”, aprovecha cualquier descuido o indefensión de su víctima para apropiarse de bienes utilitarios, inclusive dinero, bajo la figura de hurto, mientras no se haga uso de la fuerza, en cuyo caso se transforma en robo. Penosamente, estos delitos se perpetran ahora acompañados de armas blancas o de fuego, lo que en muchos casos tiene un desenlace fatal cuando la víctima opone resistencia o “algo sale mal”. Este cuadro se agrava con el paso del tiempo y las redes sociales se encargan de difundirlo en cuestión de minutos.
Este cuadro que atemoriza a los ecuatorianos se hace dantesco al conocer, que además hay una invasión de delincuentes de cuello blanco que se han encargado de despilfarrar cifras jamás imaginadas, cuando éramos un país pobre y sin capacidad de endeudamiento. Hemos quedado atónitos al descifrar lentamente los múltiples mecanismos que se han utilizado para burlar los controles que debían hacerse antes, durante y después de realizadas las faraónicas inversiones, que en muchos casos ni siquiera eran necesarias. Las ofertas “llave en mano” que venían de la mano generosa de Odebrecht, deslumbraban a los gobernantes, que así podían sacar el provecho político por ejecutar la obra, recibiendo desde los diseños y el financiamiento, para finalmente recibir libre de pelo y paja una “propina” santificada des las más altas esferas del poder.
Cabe entonces preguntarnos ¿y ahora quien podrá defendernos? Ciertamente que no podemos esperar que sea un chapulín que venga en nuestro auxilio. La respuesta debemos encontrarla en los ciudadanos. Por muchos delincuentes que ejerzan su actividad ilícita, sea de cuello blanco o de camiseta, la esperanza es que siempre serán muchos más los ciudadanos honestos que quieran progresar con su propio esfuerzo y honradamente. Por tanto, corresponde que seamos los dueños de esta democracia, que podemos caminar con la frente en alto y las manos limpias, quienes tomemos control de la situación para poner las cosas en orden y poner un alto a la carrera desenfrenada por apropiarse de fortunas que no podrán ni siquiera disfrutar los corruptos, si la justicia hace lo que le corresponde.
El Consejo de Participación Ciudadana ha tomado decisiones valientes para poner un alto a la injerencia de personajes vinculados al proyecto político perverso que corrompió las estructuras estatales en la década nefasta. Esta liberación de las ataduras del poder central a los servidores judiciales deberá dar los frutos, esperemos que pronto. Los jueces pueden ahora resolver en Derecho, sin obedecer a los intereses mezquinos del Poder. Los primeros servidores públicos condenados, que se han probado culpables, previo el debido proceso, dan fiel testimonio que no se ha perdido la esperanza de hacer justicia en favor del país.
En relación a la delincuencia común y los focos de inseguridad que la provocan, Cotopaxi ha dado el primer paso en esta dirección. Un grupo de ciudadanos ha resuelto conformar el “Colectivo de Seguridad Ciudadana Cotopaxi”. La convocatoria es a todas las agrupaciones de la sociedad civil para construir las propuestas que, amparadas en la Constitución y la Ley, serían puestas en conocimiento de las autoridades competentes. La participación ciudadana debe ser respetada. Sin embargo, ninguna alternativa será efectiva, si no cuenta con el respaldo y participación activa de la ciudadanía. La organización de la sociedad es indispensable para enfrentar los peligros que amenazan su convivencia pacífica. El trabajo debe ser coordinado y en apoyo a los entes públicos especializados. Demandemos atención oportuna según las competencias de cada institución. ¡Solamente los propios ciudadanos podremos defendernos!

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