En medio de un contexto marcado por la incertidumbre laboral tras la pandemia, una historia de constancia, creatividad y arraigo al deporte emerge desde el centro del país. Se trata del emprendimiento liderado por los esposos Lizbeth Pamela Gualotuña Taipe (28) y José Eduardo Hidalgo Moya (36), quienes han logrado posicionarse en la fabricación de implementos deportivos, especialmente balones, con alcance nacional e incluso proyección internacional.
La base de este proyecto se sustenta en la preparación académica y la vocación de servicio de sus fundadores.
Pamela Gualotuña cursó sus estudios en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús y la Unidad Educativa “1º de Abril”, para posteriormente graduarse como licenciada en Turismo en la Universidad Técnica de Cotopaxi. Su trayectoria también incluye trabajo comunitario y social, destacándose como Reina de Aláquez en 2017, donde impulsó iniciativas solidarias junto a moradores y líderes religiosos.
Por su parte, José Hidalgo se formó en la Escuela Simón Bolívar y el Instituto Técnico Vicente León. Es ingeniero agroindustrial por la Universidad Técnica de Cotopaxi (2015) y cuenta además con formación en Ciencias de la Educación con mención en Cultura Física (2016). Su experiencia laboral abarca sectores productivos y educativos: desde la industria alimentaria hasta la docencia en instituciones técnicas.
La pareja se conoció en una de las manifestaciones culturales más representativas de la Sierra central: la festividad de la Mama Negra. En este escenario, José se desempeñaba como guiador, compartiendo espacio con reconocidos personajes locales, mientras que la familia de Pamela también formaba parte activa de la celebración.
El deporte ha sido un eje transversal en su historia familiar. Hidalgo proviene de un entorno ligado a esta actividad, con referencias a equipos tradicionales y personajes populares del ámbito local, pues es sobrino, del popular “Sobador” el “Wingo”, también de raíces en el mundo futbolero ligado al Flamengo.
El emprendimiento se presenta con el punto de partida muy claro: la falta de oportunidades laborales durante la pandemia. Frente a este panorama, decidieron apostar por un negocio propio enfocado en el deporte. En noviembre de 2024 adquirieron su primera maquinaria para la fabricación de canilleras, iniciando una etapa de producción artesanal que rápidamente evolucionó. La comercialización no fue sencilla. José recuerda haber recorrido ciudades como Cuenca cargando su producto en un saquillo, ofreciendo puerta a puerta hasta concretar su primer gran pedido.
Primer gran contrato, para la producción fue en el 2024 pedido de Canilleras Machala 250 docenas. Este hito marcó el inicio de una expansión progresiva hacia otras provincias del país.
De canilleras a balones: evolución productiva. Consolidado el primer producto, el siguiente paso fue ambicioso: la fabricación de balones. Para ello, invirtieron en maquinaria adquirida en Riobamba. Ambato y equipos complementarios provenientes de Colombia.
Los inicios no estuvieron exentos de dificultades. La falta de experiencia técnica provocó errores en procesos como el pegado de materiales o el ensamblaje. Sin embargo, la perseverancia permitió perfeccionar la técnica. Uno de los primeros clientes fue una escuela formativa vinculada a Independiente del Valle, lo que representó una vitrina clave para el crecimiento del emprendimiento.
Con el tiempo, la calidad del producto abrió puertas en diversos sectores, instituciones deportivas, ligas barriales y parroquiales, eventos deportivos, empresas, personajes, autoridades, políticos, escuelas formativas y ligas locales como, es el caso de Constitución, Humana, Geopetrol (empresa petrolera), Pilsener, Bagó
Uno de los momentos más destacados fue la presencia de uno de sus balones en la final de la LigaPro entre Independiente del Valle y Liga de Quito, formó parte del entorno logístico del evento, evidenciando el posicionamiento alcanzado.
Actualmente, el emprendimiento fabrica balones para distintas disciplinas: fútbol, fútbol sala, ecuavóley, Indor fútbol, balones personalizados, con diseños de acuerdo al cliente y redes de arcos.
Más allá de la producción, el objetivo del emprendimiento apunta a fortalecer la economía local y generar oportunidades laborales. La iniciativa ha permitido dinamizar pequeños circuitos económicos y respaldar el desarrollo del deporte amateur.
Desde vender productos de forma ambulante hasta consolidar contratos con empresas y eventos deportivos, la historia de Pamela y José refleja una constante: la disciplina y la resiliencia. En un país donde el deporte no solo se vive en las canchas, sino también en la generación de oportunidades, este emprendimiento demuestra que el talento y la perseverancia pueden transformar realidades.
El balón sigue rodando, pero detrás de cada uno hay una historia de esfuerzo que también merece ser contada.
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