El champús, una tradición viva en Mulalillo

El champús, una tradición viva en Mulalillo

En el corazón de Mulalillo, una tradición centenaria continúa vigente gracias al compromiso de una familia que se resiste a dejarla desaparecer. Marco Vicente Guaita, de 65 años, es hoy el portador de un legado que, según relata, supera los 100 años y ha sido transmitido de generación en generación desde su abuela, pasando por su madre y su hermana, hasta llegar a él.

“Desde el tiempo de mi abuelita ya se hacía el champús, luego lo heredó mi mamá, quien vivió hasta los 93 años. Con eso calculamos que esta tradición tiene más de un siglo”, comenta con orgullo.

El champús es una bebida ancestral elaborada a base de harina de maíz fermentada, naranjilla, panela y especias. Su preparación, aunque parece sencilla, requiere paciencia y conocimiento. El proceso inicia con el tostado del maíz en un tiesto, luego se muele hasta obtener la harina, que posteriormente se deja fermentar entre tres y cuatro días. Después, se hierve junto a los demás ingredientes hasta lograr el sabor característico que distingue a esta bebida.

Según investigaciones locales, el nombre “champús” proviene del término quichua champuy, que significa mezcla de agua con harina. Esta bebida tiene presencia en varias regiones andinas, desde Colombia hasta Perú, lo que evidencia su origen ancestral vinculado a las culturas indígenas.

En Mulalillo, la tradición ha tenido características propias. Guaita recuerda que antiguamente el champús se servía en las ferias dominicales, acompañado de pan de trigo, empanadas o pan de maíz. “Aquí siempre se lo ha servido con pan. En otros lugares lo acompañan con mote, pero en nuestra tierra es diferente”, explica.

Tras una pausa provocada por la pandemia, fue él quien decidió retomar la elaboración junto a su esposa, respondiendo al pedido de los vecinos. “La gente preguntaba por el champús, entonces volvimos a hacerlo. Ahora lo vendemos todos los días desde las cinco de la tarde y gracias a Dios se termina rápido”, señala.

El producto se comercializa a precios accesibles: 50 centavos el vaso y 25 centavos una empanada. Más allá del aspecto económico, Guaita destaca el valor cultural de esta práctica, que antes formaba parte de celebraciones como el Inti Raymi o el Corpus Christi, donde cada familia preparaba la bebida para compartir.

Actualmente, lamenta que pocas familias continúen con esta tradición. Sin embargo, mantiene la esperanza de que su legado perdure. “Mi hija ya está aprendiendo y también mi nieta. Yo quiero que esto no se pierda”, afirma.

Para Marco Vicente Guaita, el champús no es solo una bebida, sino una expresión viva de identidad, memoria y resistencia cultural en los Andes ecuatorianos.

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