La Argentina clama por seguridad en la E35

La Argentina clama por seguridad en la E35

En el barrio La Argentina, ubicado a un costado de la carretera E35, el tránsito constante de vehículos no solo representa movimiento y comercio, también se ha convertido en sinónimo de miedo, pérdida y duelo. La comunidad asegura que, desde la apertura de esta vía rápida, el sector ha sido escenario de decenas de accidentes fatales que han marcado profundamente la vida de sus habitantes.

Diego Pérez, residente del barrio y propietario de la heladería, expresó su preocupación ante lo que calificó como una tragedia permanente. Su voz, cargada de impotencia, resume el sentimiento colectivo de quienes conviven diariamente con la violencia vial.

“Desde que abrieron la E35… aquí han fallecido 78 personas solo en este sector. Sin contar los que mueren en hospitales. Es bastante preocupante”, relató.

Pérez señaló que el dolor no es lejano, es cotidiano. Los vecinos han sido testigos directos del sufrimiento de familias enteras que pierden a sus seres queridos en cuestión de segundos. Frente a esa realidad, han buscado refugio en la fe y en la solidaridad comunitaria.

En colaboración con su esposa y moradores del barrio, organizan misas y encuentros religiosos como una forma de pedir por el cese de los accidentes y rendir homenaje a las víctimas. Agradeció también el apoyo de comerciantes y propietarios del sector, quienes han contribuido con pequeños aportes para sostener estas iniciativas.

“Lo hacemos para que la gente tome conciencia, sobre todo los conductores que transitan por esta vía”, manifestó.

Sin embargo, más allá del aspecto espiritual, los moradores reclaman acciones concretas e inmediatas. Entre los principales pedidos está la reparación del sistema de iluminación, ya que en horas nocturnas la vía permanece en penumbra, aumentando el riesgo de atropellamientos y colisiones.

“Es muy oscuro en la noche. Necesitamos que arreglen las luminarias y que el semáforo funcione las 24 horas”, insistió Pérez.

Según denunció, el semáforo del sector entra en modo intermitente después de las 10 de la noche, precisamente cuando ocurren la mayoría de accidentes. Los siniestros incluyen atropellos, choques por alcance y volcamientos, como el caso de un bus que terminó aplastando un vehículo liviano.

“Nos toca ayudar como podemos. Una vez pedí un montacargas para sacar gente atrapada. Es duro, pero ya nos hemos acostumbrado… y eso es lo más triste”, recordó.

La preocupación también se extiende a los peatones, especialmente niños y adultos mayores que deben cruzar diariamente una carretera altamente peligrosa. Jaime Sánchez, vecino del barrio, relató que hace pocos días su nieto estuvo a punto de ser atropellado.

“Por una nadita nos pasan atropellando. Ya es demasiado”, lamentó.

Norma Velasco también compartió el dolor de su familia tras la muerte de su suegro, Juan Carvajal, atropellado hace nueve años en este mismo tramo.

“Nos duele que mueran tantas personas… y ojalá la autoridad haga algo, porque van a haber muchas muertes más”, expresó.

La comunidad coincide en una exigencia urgente, la construcción de un paso lateral o puente peatonal que permita cruzar con seguridad. Los moradores piden la intervención de las autoridades municipales y nacionales antes de que nuevas tragedias vuelvan a enlutar al barrio.

En La Argentina, la fe acompaña, pero la esperanza verdadera está puesta en que la prevención llegue antes que el próximo accidente.

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