Monitoreo permanente en el Quilotoa

Monitoreo permanente en el Quilotoa

El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional mantiene un monitoreo técnico constante en el volcán Quilotoa, ubicado en la provincia de Cotopaxi, luego de un deslizamiento de tierra registrado en el flanco sur del cráter que generó preocupación entre la ciudadanía, especialmente tras la difusión de videos en redes sociales.

Las autoridades científicas han aclarado que el fenómeno no está vinculado a una reactivación volcánica, sino a condiciones climáticas propias de la temporada invernal.

Según explicó Daniel Sierra, vulcanólogo del Instituto Geofísico, el evento ocurrió el pasado jueves, cuando las lluvias intensas saturaron el suelo, provocando el desprendimiento de material rocoso y tierra en una zona del cráter.

Este deslizamiento, aunque visible, fue catalogado como de pequeña magnitud, con una extensión aproximada de entre 50 y 135 metros. El impacto del material sobre la laguna generó un leve oleaje que fue captado por visitantes y rápidamente viralizado.

“La preocupación de la ciudadanía es comprensible, pero debemos enfatizar que este tipo de eventos son relativamente comunes en volcanes con estas características, especialmente durante épocas de alta humedad”, señaló el especialista. En ese contexto, recalcó que no existen indicios de incremento en la actividad interna del volcán ni señales que apunten a un proceso eruptivo.

Como parte de las acciones de seguimiento, los técnicos han intensificado las mediciones de gases volcánicos, una de las herramientas más relevantes para evaluar el comportamiento de este tipo de sistemas. Desde el año 2024, el Instituto Geofísico ejecuta campañas periódicas para analizar la desgasificación del Quilotoa, utilizando equipos especializados que permiten cuantificar las emisiones que emergen desde el fondo del cráter hacia la laguna.

Estas mediciones se realizan mediante recorridos en embarcaciones, donde se emplea una campana de captación de gases conectada a sensores de alta precisión. A través de este método, se obtienen datos en distintos puntos del lago, lo que permite generar mapas de flujo y estimaciones del volumen de gases liberados. Esta información es fundamental para identificar variaciones que podrían advertir cambios en la dinámica volcánica.

Por su parte, Silvana Hidalgo, también vulcanóloga del Instituto Geofísico, explicó que el principal gas presente en este sistema es el dióxido de carbono (CO₂), una sustancia común en volcanes con lagunas cratéricas. No obstante, subrayó que su monitoreo es esencial, ya que acumulaciones inusuales podrían representar riesgos tanto para el ecosistema como para las personas.

“El objetivo de estas mediciones es establecer un patrón de comportamiento del volcán, entender su ciclo de desgasificación y, a partir de ello, poder detectar cualquier anomalía en el futuro”, indicó Hidalgo. Añadió que estos estudios forman parte de proyectos desarrollados en conjunto con instituciones internacionales como el Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD), así como con la propia Escuela Politécnica Nacional.

Además del monitoreo de gases, los técnicos realizaron recorridos en las zonas termales periféricas del volcán, donde se evaluaron posibles cambios en la actividad hidrotermal. De acuerdo con los informes preliminares, no se registraron anomalías en estas áreas, lo que refuerza la hipótesis de que el sistema volcánico se mantiene estable.

Sin embargo, durante estas inspecciones se identificaron agrietamientos en el terreno en varios sectores cercanos al cráter, producto de la saturación del suelo por las lluvias. Estos fenómenos, aunque no representan un riesgo volcánico directo, sí evidencian la necesidad de mantener vigilancia en la zona, especialmente en áreas de tránsito turístico.

En cuanto a la infraestructura de monitoreo, el Instituto Geofísico cuenta actualmente con una estación sísmica instalada en las cercanías del volcán, la cual permite registrar movimientos internos y detectar posibles eventos asociados a actividad magmática. Asimismo, se dispone de un sistema GPS que mide deformaciones del terreno, otro indicador clave en la vigilancia volcánica.

No obstante, los especialistas han señalado la necesidad de fortalecer esta red de monitoreo mediante la instalación de nuevos equipos, con el fin de mejorar la cobertura y precisión de los datos. Esta iniciativa responde tanto a criterios científicos como a la creciente preocupación de la población ante eventos naturales como el reciente deslizamiento.

Paralelamente, el Instituto Geofísico ha desarrollado actividades de vinculación con la comunidad, orientadas a informar sobre los riesgos asociados al volcán y las medidas de prevención. En diciembre pasado, por ejemplo, se realizó una jornada de sociabilización con habitantes del sector, donde se expusieron los avances de las investigaciones y se resolvieron inquietudes de la población.

Estas acciones buscan no solo fortalecer la cultura de prevención, sino también generar confianza en la ciudadanía respecto al trabajo técnico que se realiza en la zona. En ese sentido, los expertos recalcan que la información oficial debe prevalecer frente a rumores o interpretaciones erróneas difundidas en redes sociales.

Finalmente, las autoridades reiteraron que el volcán Quilotoa se encuentra en condiciones de relativa calma y que no existen restricciones para el desarrollo de actividades turísticas en el lugar. No obstante, recomendaron a los visitantes seguir las indicaciones de seguridad, evitar zonas inestables y mantenerse informados a través de canales oficiales.

El monitoreo continuará de manera permanente, con el objetivo de garantizar una vigilancia oportuna y brindar información precisa ante cualquier eventualidad, reafirmando el compromiso del Instituto Geofísico con la seguridad de la población y la comprensión científica de los fenómenos naturales.

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