Red comunitaria refuerza vigilancia del Cotopaxi

Red comunitaria refuerza vigilancia del Cotopaxi

Más de 130 voluntarios provenientes de las provincias de Chimborazo, Cotopaxi, Tungurahua y Pichincha participaron en un encuentro y recorrido técnico orientado al fortalecimiento de la red nacional de observadores volcánicos, con énfasis en el monitoreo del Volcán Cotopaxi. La actividad fue coordinada por el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional en articulación con la Cruz Roja Ecuatoriana, como parte de una estrategia sostenida de preparación y reducción de riesgos frente a una eventual crisis eruptiva.

Benjamín Bernal, vulcanólogo del Instituto Geofísico, explicó que esta red comenzó a estructurarse en 2018, en el marco de un proyecto de preparación basada en pronósticos desarrollado junto a la Cruz Roja. La iniciativa buscaba contar con personas capacitadas en territorio que pudieran reconocer e interpretar fenómenos volcánicos visibles. La experiencia adquirida durante la erupción del Volcán Sangay en 2020, evento que generó una extensa dispersión de ceniza y afectaciones en varias provincias, evidenció la necesidad de ampliar la cobertura territorial y consolidar un sistema de reporte comunitario más robusto.

A partir de entonces, el Instituto Geofísico implementó un modelo mixto de formación que combina capacitaciones virtuales masivas con talleres presenciales en comunidades ubicadas en zonas de influencia volcánica. Estas jornadas permiten que los voluntarios comprendan la dinámica eruptiva, identifiquen señales superficiales relevantes y conozcan los protocolos adecuados de comunicación. La red mantiene canales directos de contacto con los técnicos, lo que facilita el envío de reportes y material fotográfico en tiempo real cuando las condiciones climáticas permiten la observación directa del cráter.

El rol del observador volcánico es estrictamente complementario al monitoreo instrumental. Mientras el Instituto Geofísico analiza datos provenientes de sismógrafos, estaciones GPS, sensores de gases y cámaras térmicas, los voluntarios aportan información visual inmediata desde distintos puntos del territorio. Este aporte puede resultar clave para confirmar cambios en la altura y densidad de columnas eruptivas, dirección de dispersión de ceniza o presencia de actividad superficial inusual. La combinación de datos científicos y observación comunitaria fortalece la capacidad de respuesta institucional.

Durante el recorrido técnico desarrollado en la zona de influencia del Cotopaxi, los participantes recibieron información detallada sobre escenarios de amenaza, mapas de riesgo, rutas de evacuación y efectos potenciales de fenómenos como caída de ceniza, flujos piroclásticos y lahares.

También se abordó la importancia de transmitir información validada y evitar la difusión de rumores, un factor determinante en contextos de emergencia.

Roger Zambrano, coordinador nacional del Programa de Gestión de Riesgo de Desastres de la Cruz Roja Ecuatoriana, destacó que el trabajo de los observadores se integra a los planes de acción temprana frente a caída de ceniza.

Señaló que la preparación comunitaria permite activar medidas anticipadas antes de que un evento alcance mayor magnitud, reduciendo impactos en salud, producción agropecuaria y servicios básicos.

La articulación con entidades técnicas y autoridades locales forma parte de un esquema preventivo que prioriza la organización antes de una crisis.

Otro eje fundamental ha sido la educación. A través de proyectos desarrollados en la provincia de Cotopaxi, se ha capacitado a docentes de varias comunidades para que repliquen conocimientos en sus centros educativos, ampliando significativamente el alcance de la información preventiva. Esta estrategia busca que niños, jóvenes y familias comprendan los riesgos asociados a la actividad volcánica y sepan cómo actuar ante una eventual alerta.

Para los voluntarios, la motivación central es servir como puente entre la ciencia y la comunidad. Galo Villacrés, observador volcánico participante en el encuentro, manifestó que el objetivo es recibir información técnica confiable para compartirla en su entorno. Señaló que convivir con un volcán activo implica preparación constante y conocimiento, no temor. La apropiación comunitaria de la información fortalece la resiliencia local y contribuye a una respuesta organizada frente a escenarios adversos.

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