La fe que sana: Doctor San Buenaventura

La fe que sana: Doctor San Buenaventura

Inclinado bajo el sigilo de su propia conciencia, Juan Pruna visita al Doctor San Buenaventura, en Latacunga. Una pequeña imagen de rostro amigable. Tallado inspirado en aquel hombre que, según cuenta la tradición oral, curaba con el poder de su fe.

Juan tiene molestias estomacales que le quitan la tranquilidad durante el día; la sobrecarga laboral, quizá las preocupaciones o la mala alimentación que ha tenido durante años le están pasando factura. No sabe qué de todo está deteriorando su salud. Pero tiene una sola certeza; El Doctor San Buenaventura, intervendrá con su mano milagrosa.

Escuchado el relato de Juan, se encuentra Camilo, un hombre de 35 años, de aspecto citadino y tez blanca. Se incluye en la conversación. “También estoy aquí, porque mi abuelita dice que San Buenaventura es muy milagroso, yo le tengo fe, al unísono encendía una vela blanca cuya llama hacia juego con el claro de sus ojos.

“Atravieso un problema laboral, pero ya no me preocupo porque sé que ya estoy en buenas manos”, dijo.

Detrás de ellos, un promedio de cinco personas por minuto se acerca. Lo saludan. Le piden. En el entorno de esta parroquia urbana con aspecto rural, perteneciente a Latacunga nadie se atreve a dudar de su poder.

Lo festejan con gran fiesta y algarabía durante junio y julio de cada año. Las placas de agradecimiento inundan el templo y sus alrededores. Nadie le puede dar una real explicación a la capacidad sobrenatural de interferir en los problemas de la gente. San Buenaventura se asemeja al mito griego de Prometeo, benefactor de los humanos; acuñando siempre el fuego de la vida, del amor, de la esperanza.

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