En lo alto de una meseta andina, a pocos kilómetros de San Miguel de Salcedo, Mulliquindil Santa Ana despierta cada mañana envuelta en neblina, con el canto persistente de los colibríes que, según la memoria ancestral, dieron origen a su nombre.
Este 15 de mayo, la parroquia celebra 79 años de su creación oficial, una fecha que no solo marca su reconocimiento administrativo, sino que convoca a la memoria colectiva de un territorio con raíces mucho más antiguas.
El aniversario recuerda aquel 15 de mayo de 1947, cuando mediante ordenanza municipal el caserío fue elevado a parroquia. Desde entonces, esta fecha se ha convertido en un punto de encuentro para sus habitantes, quienes año a año reafirman su sentido de pertenencia a través de actos cívicos, culturales y comunitarios.
El nombre Mulliquindil, derivado de las voces quichuas molle (árbol) y quinde (colibrí), sintetiza la relación profunda entre naturaleza y cultura. Antes de su reconocimiento oficial, estas tierras ya estaban habitadas por pueblos originarios como los panzaleos, quienes encontraron en este entorno un espacio propicio para la agricultura y la vida comunitaria. Su organización giraba en torno a líderes conocidos como curacas, y su cosmovisión integraba prácticas espirituales y conocimientos ancestrales que aún perviven.
Durante la colonia, Mulliquindil fue parte de haciendas administradas por órdenes religiosas, una estructura que se mantuvo hasta las reformas agrarias del siglo XX. La redistribución de tierras marcó una transformación en la dinámica social y económica del sector, permitiendo a las comunidades originarias recuperar espacios y fortalecer su autonomía.
Actualmente, Mulliquindil Santa Ana es una parroquia que conjuga tradición y desarrollo. Con una extensión de 49 kilómetros cuadrados y una población que supera los siete mil habitantes, su territorio se extiende desde los 2.685 hasta los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Esta diversidad altitudinal genera un entorno rico en biodiversidad, donde conviven distintas especies de flora y fauna.
Entre sus principales atractivos se encuentra la Reserva Natural de Mulliquindil, un espacio que ofrece rutas de senderismo entre bosques andinos y escenarios ideales para la observación de aves. La Cascada de Santa Ana, por su parte, se presenta como uno de los paisajes más representativos, mientras que el Mirador de las Tres Laderas permite apreciar la magnitud del entorno montañoso.
La identidad de Mulliquindil también se construye desde su gente. Sus habitantes han desarrollado actividades productivas que le han dado reconocimiento a la parroquia. La fabricación de muebles en madera destaca como una de las principales, con productos que han alcanzado presencia a nivel provincial y nacional. A ello se suma la tradición pirotécnica, que durante años formó parte esencial de las celebraciones locales.
En el ámbito gastronómico, Mulliquindil ha consolidado su reputación como la “tierra de los pescados”. Cada fin de semana, visitantes llegan para degustar el tradicional pescado frito a leña, acompañado de yuca o papas y curtido. Este plato, más que una oferta culinaria, se ha convertido en un símbolo de identidad local.
Las festividades religiosas también ocupan un lugar central. Aunque el 15 de mayo marca el aniversario de creación, la parroquia vive otro momento de alta convocatoria el 26 de julio, cuando se celebran las fiestas en honor a Santa Ana, su patrona. Estas jornadas están llenas de comparsas, música, danzas, juegos pirotécnicos y expresiones culturales que reflejan la vitalidad de sus tradiciones.
El templo parroquial resguarda una de las piezas más valiosas del patrimonio local: la imagen de la Virgen de Santa Ana, cuya data se remonta al siglo XVII. Este elemento no solo tiene valor histórico, sino que constituye un eje de la devoción de la comunidad.
A 79 años de su parroquialización, Mulliquindil Santa Ana mantiene un equilibrio entre la conservación de su herencia y la proyección hacia el futuro. En cada aniversario, como el que se celebra este 15 de mayo, la parroquia no solo recuerda su origen, sino que reafirma su compromiso con el desarrollo comunitario, la preservación de su entorno y la continuidad de sus tradiciones.
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