La Historia del Deporte Barrial Ecuatoriano

La Historia del Deporte Barrial Ecuatoriano

 Sobre este acontecimiento se conversó con el autor, quien nos proporcionó algunos datos de la obra: La historia del deporte barrial ecuatoriano tiene en Ángel María Centeno Vargas a uno de sus más importantes protagonistas y guardianes de la memoria institucional. Nacido el 30 de diciembre de 1946 en el tradicional sector de La Tola, en la capital ecuatoriana, su vida ha estado ligada a la educación, la organización comunitaria y el fortalecimiento del deporte popular en el país.

Su infancia transcurrió inicialmente en El Panecillo hasta los cinco años de edad, para posteriormente trasladarse junto a su familia al sector de la Ferroviaria Alta, uno de los barrios emblemáticos del sur de Quito. Allí cursó sus estudios primarios en la escuela Brasil de Chimbacalle y más tarde ingresó al colegio Juan Montalvo, donde obtuvo el título de docente. Posteriormente continuó su formación académica en la Universidad Central del Ecuador.

Centeno recuerda con nostalgia los años de finales de la década de los cincuenta, cuando en la Ferroviaria existía un gran potrero que servía como escenario natural para la práctica deportiva de niños y jóvenes del sector. Aquel espacio se convirtió en semillero de importantes clubes populares como Pintag, Flecha Roja y Diamante, considerado posteriormente como una de las instituciones emblemáticas del deporte barrial capitalino.

En su relato destaca también el papel de los dirigentes comunitarios que impulsaron la organización deportiva en los barrios quiteños. Entre ellos recuerda a Carlos Iturralde, quien en 1975 promovió un cuadrangular con motivo de las fiestas de Quito, torneo que reunió a varias ligas barriales ya constituidas, entre ellas la Liga Oriental y otras organizaciones deportivas de la ciudad.

La obra y el testimonio de Ángel María Centeno, plasmada en 385páginas permiten reconstruir parte de la evolución histórica del deporte barrial ecuatoriano. Según relata, en 1972 surgieron las federaciones de ligas barriales y parroquiales impulsadas por el dirigente Sergio Sevilla Flores, considerado uno de los pioneros de esta estructura organizativa.

Posteriormente, con la expedición de la primera Ley del Deporte en 1978, se establecieron normas relacionadas con el deporte barrial; sin embargo, las federaciones de ligas barriales y parroquiales no fueron tomadas plenamente en cuenta dentro del marco jurídico nacional.

Centeno rememora que, en 1986, durante el gobierno de León Febres-Cordero, se promovieron reformas a la Ley del Deporte con el respaldo del diputado Álvaro Pérez Intriago, reconocido por su cercanía con el deporte amateur y barrial.

En aquella época existieron intentos de crear organismos paralelos a la Federación de Ligas Barriales y Parroquiales, situación que generó preocupación entre los dirigentes deportivos comunitarios. Frente a ello, dirigentes como Alejandro Moreano trabajaron intensamente para fortalecer la representación institucional del deporte popular y la conformación del Consejo Nacional del Deporte.

Uno de los momentos más importantes llegó en 1988, durante el gobierno de Rodrigo Borja Cevallos, cuando finalmente se reconoció oficialmente a la Federación de Ligas Barriales como organismo del deporte barrial ecuatoriano, en 1989 se aprobó un aporte estatal inicial de 30 millones de sucres para fortalecer al deporte barrial. Según relata Centeno Vargas, de ese monto se propuso destinar 10 millones para la adquisición de una casa que sirviera como sede nacional del deporte amateur.

La iniciativa fue sometida al criterio de las 13 federaciones provinciales existentes en ese momento. Aunque hubo oposición de algunos dirigentes, entre ellos Dilon Cevallos (+), entonces dirigente de la Liga Barrial Latacunga y ex directivo de la Federación Deportiva de Cotopaxi no  respaldo la iniciativa, pero la mayoría respaldó la propuesta de adquirir la sede.

Gracias a esa decisión se logró adquirir el inmueble ubicado entre las calles Oriente y Montúfar, en el Centro Histórico de Quito, sede que desde 1992 se convirtió en referente administrativo del deporte barrial ecuatoriano.

Otro de los aspectos que enfatiza Ángel María Centeno es la necesidad de reconocer plenamente al deporte recreativo dentro de la legislación ecuatoriana. Considera que el deporte barrial constituye una base fundamental para el desarrollo del deporte amateur y profesional.

Según sostiene, muchos deportistas que se formaron en campeonatos barriales posteriormente alcanzaron niveles provinciales, nacionales e incluso profesionales, demostrando que las ligas populares han sido históricamente espacios de integración social, formación ciudadana y descubrimiento de talentos.

Su obra rescata el trabajo de dirigentes, clubes y organizaciones comunitarias que durante décadas sostuvieron el deporte desde los barrios, muchas veces con esfuerzo voluntario y limitados recursos, pero con una profunda convicción social y comunitaria.

Como antecedentes, del deporte barrial, evidencia en el Ecuador tiene sus primeras manifestaciones organizadas desde las décadas de 1920 y 1930, especialmente en ciudades como Quito y Guayaquil. En esos años surge el tradicional sector de El Ejido, considerado uno de los puntos iniciales de la recreación popular y barrial. Posteriormente, la práctica deportiva se extendió hacia sectores obreros como Chimbacalle, donde el deporte recreativo apareció como una necesidad social para integrar a trabajadores y jóvenes de barrios vinculados a fábricas e industrias.

Durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 se consolidaron las primeras ligas barriales y parroquiales en sectores como Chimbacalle, San Roque, La Magdalena y otras organizaciones deportivas populares. Este crecimiento permitió que en 1957 se fundara la Federación de Ligas Barriales y Parroquiales, institución creada para coordinar y fortalecer el deporte comunitario.

En 1976 nace la Liga Oriental con la realización de su primer campeonato “6 de Marzo”, gracias al respaldo de dirigentes como Sergio Sevilla Flores y autoridades provinciales. Según testimonios históricos, la creación de esta liga respondió no solo a objetivos deportivos, sino también a una necesidad de seguridad y organización comunitaria en sectores afectados por la delincuencia. La práctica deportiva permitió integrar a la juventud y fortalecer la convivencia barrial.

Además, recordó que las reformas impulsadas permitieron la creación del Consejo Nacional como máxima autoridad deportiva y la asignación de las primeras partidas presupuestarias, que en 1979 alcanzaron los 80 millones de sucres y posteriormente 40 millones más, recursos que ayudaron al fortalecimiento inicial del deporte barrial.

En su intervención también evocó experiencias internacionales, como la visita de una delegación deportiva a La Habana, Cuba, donde observó un modelo en el que el deporte y la recreación estaban ligados directamente a las bases sociales. Asimismo, mencionó los intentos de consolidar la Federación Bolivariana del Deporte Barrial.

Finalmente, lamentó la pérdida de archivos históricos del deporte barrial correspondientes a las décadas de los años 60, 70 y 80, aunque destacó que parte de esa memoria deportiva se conserva en archivos personales y en la denominada Casa del Arte, donde reposan documentos y órganos de prensa relacionados con la historia del deporte.

El dirigente Ángel Centeno Vargas destacó la importancia histórica y social del deporte barrial dentro de la sociedad ecuatoriana, señalando que esta disciplina ha sido fundamental en la formación de valores y en la orientación de la juventud. Durante su intervención manifestó su preocupación por la falta de respaldo y reconocimiento hacia el deporte barrial y marcial, pese al trabajo que cumple en las comunidades y parroquias.

Centeno sostuvo que las artes marciales ayudan a fortalecer la disciplina, la conducta y la convivencia ciudadana, alejando a niños y jóvenes de problemas como la delincuencia y los malos hábitos. Además, resaltó que este deporte también ha desarrollado actividades inclusivas con personas con discapacidad y anunció que continuarán impulsando proyectos para fortalecer su presencia y aporte social.

Finalmente, pidió que se valore al deporte marcial como una herramienta de formación humana y desarrollo comunitario, capaz de generar cambios positivos en la sociedad.

Loading

Related Articles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *