Luis Hernán nació el 31 de diciembre de 1952, en San Miguel de Salcedo. Como el mayor de doce hermanos, asumió desde muy temprana edad un rol que definiría su carácter para siempre: el de guía, protector y primer ejemplo de responsabilidad. En una familia numerosa, el orden y la colaboración no eran opciones, sino los pilares de su crecimiento.
Hijo de Rosalino Zagal Malliquinga y Rosario Chiluisa, quienes fueron padres de una generación de deportistas, artesanos, emprendedores, artistas salcedenses muy reconocidos en los diferentes ámbitos de la localidad, que se destacó como deportista y con algunos atributos artísticos, que heredaron su hijos y las siguientes generaciones parte de los 11 hermanos: Luis Hernán (+), Genaro, Carlos, Ernesto, Fausto, Marina, Vicente, Miguel (+), Carmen Fabiola, José (+) y Juan Patricio (+).
Bajo la tutela de sus padres, Rosalino Zagal y Rosario Chiluisa, aprendió las lecciones que no se encuentran en los libros: la integridad de la palabra empeñada y el valor sagrado del trabajo duro. Sus padres sembraron en él la semilla de la disciplina que, años más tarde, florecería tanto en las canchas deportivas como en las asambleas comunitarias.
Su vocación de servicio lo llevó a la dirigencia social, destacándose como Presidente del Barrio Yanayacu durante varios años. Bajo su gestión, el barrio vio progreso y sintió la presencia de un líder que gestionaba con la misma tenacidad con la que competía en las canchas. Su paso por la dirigencia deportiva cantonal y provincial fue una extensión de este compromiso, trabajando siempre por el bienestar colectivo.
Gracias a su empeño se logró la mejora vial con el primer asfaltado y empedrado de las vías hacia el sector y luego fue participe junto a su familia de las obras en San Pablo de Yanayacu en el límite de Pillaro con Salcedo, siendo reconocido por los dos cantones. Se radicó en Jaramijó-Manabí por cuestión de salud en los últimos años de vida. En Jaramijó se le reconoció con el nombre de una de las vías más transitadas de la localidad, por su don de gente, colaboración y liderazgo, que aportó a los vecinos y moradores del sector.
Detrás del líder firme, latía el corazón de un hombre de fe profunda. Su devoción por el Príncipe San Miguel y por el Señor de la BuenaEsperanza fue la brújula que guio sus pasos. Participó con entusiasmo en cada festividad, entendiendo que la fe es la fuerza superior que sostiene la esperanza de un pueblo.
En el deporte amante de todas las manifestaciones, Luis Hernán se destacó en la pelota de hilo, Pelota de viento, participó en algunos encuentros intercantonales e interprovinciales e inclusive en torneos nacionales, en el cual no solo representó a Salcedo, sino también fue parte de la selección de Cotopaxi, a la que se enorgulleció en representarlo.
En ecuavóley cultor permanente junto a sus hermanos formaron el conocido Club “Deportivo Zagal” que también incursiono en el futbol, que llegó a planos estelares, además organizó competencias atléticas una de ellas, llegó al kilómetro 60 de la Salcedo-Tena , siendo un suceso muy comentado por largo tiempo.
En el deporte también participo como parte del equipo deportivo de Radio Nuevos Éxitos en transmisiones deportivas, efectuadas por Wilson Abril (+), Mario Mayorga, Darwin Fabada, Paco Bustos, Fausto Vega Moreno (+).
Dirigente de ciclismo en la Liga Deportiva Cantonal de Salcedo, donde conquisto varios campeonatos, ecuavóley, pelota nacional. Presidente del Club México de Yanayacu con quien logró el ascenso y estuvo a la cabeza de la gestión para la consecución del estadio de este barrio.
A decir, de sus familiares el deporte fue para Luis Hernán una pasión que dividió entre la velocidad del ciclismo y la tradición de la Pelota Nacional. Como impulsor del ciclismo en Cotopaxi, dejó una huella imborrable en la organización de eventos de gran magnitud, incluyendo la Vuelta a la República.
Sin embargo, fue en la Pelota Nacional donde su corazón encontró su mayor orgullo. Representó con gallardía al cantón Salcedo y a la provincia, cosechando múltiples títulos en este “duro deporte” de fuerza y precisión, convirtiéndose en un referente de técnica y perseverancia para las nuevas generaciones.
Reconoce su entorno, que aunque su presencia física ha partido, su mayor triunfo permanece intacto en el carácter de sus cinco hijos: Darío, Miriam, Diana, Juan y Miguel. Para ellos, su padre sigue siendo el mapa vivo de la integridad. Su legado se mantiene vibrante, guiándolos por una senda de respeto y trabajo honrado. Si hay una enseñanza que resume la esencia de Luis Hernán y que resuena hoy con más fuerza que nunca, es su máxima de vida:
“Si tú sigues por el camino del bien, nadie te va a molestar”.
Esta premisa fue su herencia más valiosa: la enseñanza de que vivir con la conciencia tranquila y actuando bajo principios sólidos es la mejor protección. Hoy, su familia camina con la frente en alto, llevando consigo el honor de su nombre y la luz de su ejemplo.
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