Historias de restauradoras 

Historias de restauradoras 

Mercedes toca las imágenes religiosas, como si fuesen de cristal. Las mira amorosamente, mientras sus dedos se balancean por cada rincón de las figuras de santos, vírgenes y mártires elaborados en cerámica, y madera que llegan con fisuras, descascarados o cualquier emergencia que suele presentarse en los avatares del tiempo.

Tenía 21 años, cuando se vio al frente de figuras que requieren restauración. No tenía idea de qué o cómo repararlas. Buscó ayuda, aprendió secretos, investigó sobre los materiales y aunque le llevó tiempo, aprendió a devolverles, su forma, textura, e inefable aspecto que encierra el misticismo de algunas figuras de siglos pasados.

A Mercedes la visitan de otras ciudades y provincias. Sus manos son mágicas dicen algunos clientes de su local ubicado al frente del cementerio central en Latacunga. Este espacio suele atender todos los días, incluso domingo cuando los clientes así lo demandan.

“Desde que aprendí a restaurar imágenes me enamoré de los detalles, los colores, lo hago con cariño”, explica la mujer que lleva un cuarto de siglo, devolviendo su encanto a las figuras religiosas, objeto de devoción de los fieles católicos.

Cuenta que ningún trabajo se parece a otro. Hay imágenes que pueden restaurarse con un pequeño retoque y no se demora más allá de unas horas. Del otro lado hay imágenes, generalmente las más antiguas que requieren un cuidado extremo y esperar entre intervención pues mientras más antiguas, más delicadas. Su restauración total puede demorar meses.

Aunque sus hijos no siguen su legado, Mercedes continuará con su oficio hasta que la magia restauradora de sus manos se extinga

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