Los colores rojo y blanco, colores insignes de la Unidad Educativa Sagrado Corazón de Jesús, se lucen de modo peculiar en el uniforme de las bastoneras. Tiene un brillo especial, dicen quienes han portado este uniforme. El brillo se siente más fuerte, cuando se está a punto de abandonarlo.
Durante la mañana del lunes 18 de mayo, el cambio de mando de las capitanas de bastoneras salientes y entrantes ayuda a comprender toda el sigilo y la ritualidad que existe de por medio.
María Dolores Pazmiño, rectora de la Unidad Educativa, en mención dio a conocer que, para ser bastonera de esta institución, las estudiantes deben cumplir con varios parámetros, entre ellos: tener buenas calificaciones, excelentes relaciones interpersonales con su entorno, conducta intachable, entre otros requerimientos.
Atrás quedaron los días en los que era el físico el motor de esta denominación. Los valores humanos, académicos y espirituales son los que tomaron la batuta. Es por ello, que el corazón se antepone en cada presentación.
Con lágrimas en los ojos, Rafaela Chicaiza, capitana saliente de las bastoneras, agradeció a sus mentores, aquellos que con paciencia en la mente y convicción en el corazón le enseñaron a tomar un bastón y permitir que la gracia de sus movimientos lo incluyeran visualmente, tanto que, terminaría pareciendo una extensión de su propio cuerpo.
La ceremonia, incluyó su última presentación y el cambio de bastones con las nuevas capitanas. Los aplausos rodearon las paredes de la centenaria institución latacungueña. Los fotógrafos retrataban los momentos más especiales de un momento que perdurará en el corazón de las ahora exbastoneras.
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