Las artesanías de totora se pierden en el tiempo

Las artesanías de totora se pierden en el tiempo

En los campos, alejados de la ciudad, allá donde las casas tejadas parecen retratos pincelados de las manos de delicados artistas; surge una parroquia, cuyo nombre es sinónimo de delicias culinarias como las tortillas de maíz, pero también de artesanías que se niegan a desaparecer en el tiempo.

Juana Imelda Toaquiza, de 70 años, pertenece a una de las familias que ha heredado la tradición por años. Desde niña aprendió que los dedos de sus manos pueden bailar al compás de la traviesa totora que se escabulle y juguetea dando forma a los más atractivos diseños.

De sus padres aprendió a realizar: esteras, paneras, adornos y objetos de uso diario, que, hasta hace unos 30 años atrás movía la economía de la localidad. Sin embargo, en la actualidad ha reducido tanto su venta que las familias ya no heredan la tradición o si la conocen optan por no ejercerla.

Sectores como: Pupaná Sur, Pilacoto, San Sebastián y La Libertad, eran los barrios donde más artesanos se dedicaban a esta actividad. La reducción de la elaboración de estas artesanías es debido a que, los costos de venta bajaron a un punto que dejaron de ser rentables, “el tiempo que uno pasa trabajando no representa el costo que tiene en el mercado”, aseguró Ángel Masabanda, habitante del sector La Libertad.

Masabanda no es de la localidad, pero habita en el sector desde hace 15 años, lo que le ha permitido ver como cada día hay menos artesanos. “La actividad vivirá probablemente unos 10 años más”, dice mientras cuenta que basa su explicación en el deceso de las personas de tercera edad que conocían bien la práctica los descendientes de estas familias solo guardan las artesanías de totoras tejidos en lo más profundo de sus recuerdos.

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